Sumemos nuestras voces por la paz
Las acciones del Estado de Israel en el territorio del Líbano constituyen un nuevo y grave paso en el proceso de agresión desatado contra la estabilidad político-militar en Medio Oriente, contra la paz mundial y contra los tratados internacionales así como en desmedro del prestigio de las Naciones Unidas.
Un acto de agresión continuado, insensible a las voces que se alzan en el concierto internacional y que no conoce ningún tipo de límites nacidos de elementales escrúpulos humanitarios.
Por un instante pareció que la tragedia del asesinato masivo de civiles en la localidad libanesa de Qana, que levantó en el mundo entero una oleada de indignación sin precedentes, daría lugar a una tregua que habilitara la existencia de unos contactos mínimos en pos del restablecimiento de la paz. De manera sorprendente el alto mando israelí anunció la continuación de los bombardeos.
Cualquier persona en el planeta que intente mirar la situación con un mínimo de serenidad y sin las anteojeras de fanatismo concluirá que a través del desarrollo de este plan bélico se están sembrando odios y anhelos de venganza de alcance prolongado en el tiempo. Las tropas israelíes avanzan, pero, tarde e temprano habrá respuestas. Tan o más violentas que las actuales. Será, también entonces como lo es ahora, la hora en que «tronará el escarmiento», y el tiempo «de los lloros y el crujir de dientes», para decirlo en términos de esa literatura terrible consignada en la Biblia.
En estos días, ante esta realidad, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Perez Esquivel ha anotado algunas reflexiones sobre las que vale la pena detenerse a pensar.
«Israel ha desoído a la Asamblea General de las Naciones Unidas y otros organismos internacionales con total y absoluta impunidad, amparado y protegido por los Estados Unidos, quien ejerciendo su derecho de veto, lo ha utilizado para impedir las resoluciones que condenaban a Israel, por sus ataques y opresión contra el pueblo palestino, el Líbano y otros países árabes.
La soberbia del poder los ha llevado a generar mayor violencia sin medir las consecuencias. Están transitando caminos sin retrocesos y empleando medios que justifiquen sus fines. No importa el precio de los ‘daños colaterales’, la matanza de niños, mujeres, jóvenes, y ancianos indefensos. La escalada de violencia desatada por los EEUU e Israel en el Medio Oriente, las invasiones a Irak y Afganistán, están marcadas por las atrocidades cometidas en las cárceles de Abu Ghraib y en la base militar de los EEUU en Guantánamo, Cuba. Han utilizado la tortura, el trato cruel y degradante, condenado por las Naciones Unidas, violando el derecho internacional y humanitario.
Israel ha justificado y utilizado la tortura para lograr sus fines. El derecho internacional ha quedado hecho trizas.
(…) Es urgente reaccionar, no bastan las palabras. El dolor y la muerte provocadas por la guerra continúan, frente a la irresponsabilidad de los gobernantes que desataron la violencia y ya no saben cómo contenerla y evitarla.
Es necesario que los intelectuales, artistas, educadores, dejen su modorra y se sacudan el polvo y pongan en práctica el pensamiento y la acción; la coherencia entre el decir y el hacer. Sólo así serán creíbles y podrán contribuir a sumar sus esfuerzos a muchos otros, para detener la locura de la guerra y generar la Paz.
Es necesaria la movilización de los trabajadores, de los jóvenes, de hombres y mujeres que reclaman otro mundo posible».
Las elocuentes palabras de Pérez Esquivel también están dirigidas para nosotros, uruguayos del siglo que se ha iniciado en medio del dolor. Pertenecemos a un rincón de América que fue durante mucho tiempo ejemplo de cordura, de búsqueda de la paz y de respeto por el derecho internacional. Esas campanas también doblan por nosotros. Más de una vez las calles de esta ciudad y de otras del país se vieron conmovidas por el desfile de hombres y mujeres solidarios con los destinos de otros pueblos. Es la hora de unirnos a las voces que en el mundo entero dicen basta. *
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