Los sofismas de un embajador
EN EL ACTO efectuado el lunes pasado en la sede del Comité Central Israelita el embajador de Israel Yoel Barnea justificó la guerra que su país despliega contra El Líbano diciendo que «Israel prefiere vivir y ser condenado (internacionalmente) a morir y ser lamentado».
Pero éstos no son los términos exactos de la ecuación. Se omite allí la matanza indiscriminada que está sufriendo el pueblo libanés en su conjunto (y también los palestinos de Gaza, donde el ejército de ocupación israelí sigue matando hasta en los campos de refugiados). Porque si Israel es condenado universalmente y cuenta sólo con el apoyo de EEUU (del punto de vista militar, económico y político), es porque el mundo reprueba lo que no es sólo una guerra, sino un genocidio. Ya no se trata sólo de Hezbolá y la región del sur, que las tropas israelíes han comenzado a reocupar, como lo hicieron en 1982 y en la operación Viñas de Ira de 1996. Y las víctimas son todos los pobladores, nacionales y extranjeros, residentes o visitantes. Tras bombardeos sucesivos, un día tras otro, Beirut es una ciudad arrasada, no sólo en los barrios del sur, sino en su totalidad. Lo mismo ocurre con todas las ciudades, incluidas las de proyección histórica como Tiro y Baalbeck, en las cuales se destruyen también sitios arqueológicos que integran el patrimonio cultural de la humanidad. Los bombardeos llegan hasta la frontera siria. En varias ciudades deben enterrar los muertos en fosas comunes. No es que se estén defendiendo para impedir que los misiles caigan sobre Haifa, sino agrediendo a un país entero por aire, mar y tierra. Y se niegan empecinadamente a un cese al fuego que reclama la comunidad internacional. Sólo EEUU los apoya en esta tesitura, mientras Olmert declara que la guerra seguirá sin límite de tiempo.
El embajador expresó que el gobierno israelí se ha preocupado para que se produzca la menor cantidad de muertos civiles en el Líbano y que «el ejército israelí lanza panfletos para avisar que va a atacar, incluso perdiendo el factor sorpresa, con el objetivo de que la población civil libanesa abandone ese lugar».
La primera parte del párrafo está desmentido por todo lo anterior, ya que se mata sin miramientos. La amplísima mayoría de los muertos son civiles: 334 en 381, o sea el 88%, sin contar los heridos cercanos al millar. A esto se agrega otro hecho, revelador al máximo grado ( posterior al discurso del diplomático): el martes fue atacado un puesto de observadores de Naciones Unidas en Jiam, en el sur, causando cuatro muertos. Es más: por 10 veces se le solicitó a la misión aérea que no bombardeara y se dio a conocer la identidad de los observadores de la ONU. Pero el bombardeo se produjo igual, con víctimas mortales. ¿No es esto una prueba de vesania criminal? A lo cual se agrega que han sido bombardeados igualmente camiones que transportan ayuda humanitaria para miles de personas que han quedado desprovistas de alimentos y medicinas.
En cuanto a la segunda parte del concepto: ¿adónde van a ir y cómo se van a desplazar los pobladores de los sitios bombardeados? Las carreteras están destruidas e intransitables, los puentes rotos. La salida rumbo a Siria, o a Jordania, se ha transformado en una trampa mortal, con carreteras atascadas durante horas. Si llegan a otro centro poblado, tampoco se verán libres de los bombardeos, porque éstos abarcan todo el país. Se han vivido en esta materia escenas de angustia y pánico por parte de familias enteras que buscan huir, lo cual ha afectado también a comunidades latinoamericanas. Lo hemos visto en el caso de nuestros compatriotas y de argentinos, venezolanos, chilenos, bolivianos y de brasileños, que sufrieron la muerte de 7 niños.
Sostiene el embajador que «en los últimos 12 días, Israel sufrió más de 2200 ataques con misiles y Hezbolá tiene 13 mil misiles de corto, mediano y largo alcance apuntando al pueblo judío».
Es cierto. Y también hubo pérdidas de vidas humanas. Cada una de ellas es tan dolorosa como la de los libaneses y palestinos. Compartimos el dolor de las familias por la pérdida de los suyos, y la congoja de toda la población por los peligros a que se ve sometida a todas las horas..
Pero en el discurso referido hay al respecto dos géneros de omisiones. El primero es que hemos visto a esas mismas mujeres dolientes de Haifa clamando por la paz, con carteles que decían: Stop the war y en los que en hebreo se distinguía la palabra Shalom. No sólo el gobierno israelí desoyó su reclamo, sino que también rechazó el pedido formulado tanto por los padres del cabo Gilad Shalit como por los de los dos soldados capturados en la frontera libanesa, de proceder al intercambio de prisioneros, como se ha propuesto y reiterado por las respectivas contrapartes. En todos los casos se respondió con la intensificación de la guerra y la amenaza de su prolongación indefinida.
En cuanto a las armas: Israel posee el cuarto ejército más poderoso del mundo en fuerzas de aire, mar y tierra. EEUU lo provee abundantemente de las armas más sofisticadas de destrucción masiva, de bombas teleguiadas y bombas de racimo que está usando a pesar de estar prohibidas internacionalmente. También está bombardeando con fósforo vivo, como hicieron las tropas de ocupación norteamericanas en Faluya. Las imágenes de niños libaneses con múltiples heridas en el cuerpo y la cara recuerdan a las víctimas de Hiroshima y Nagasaki.
No alcanza con decir que Hezbolá entra en la categoría de grupo terrorista para justificar la masacre del pueblo libanés (y de los palestinos, haciendo el mismo argumento con respecto a Hamas, que fue votado por el pueblo para constituir el gobierno). En todo caso, hay que agregar que Hezbolá se constituyó precisamente para luchar contra la ocupación israelí del territorio libanés. *
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