Parlamento del Mercosur: un planteo inoportuno
La de Córdoba fue una cumbre en la que salvo por el monólogo de Vázquez, se habló de todo menos de lo que importa. Nada se dijo sobre los acuerdos bilaterales con terceros países, del bloqueo de rutas, o de Bolivia, Argentina, Brasil, Chile y el espinoso tema del gas natural.
Se habló del mega-gasoducto más largo del mundo, sin decir nada del contra-gasoducto alternativo de un URU.PA.BOL sacado de su hibernación para acordar en Asunción con Venezuela, y al que se prohibió pasar por Argentina.
Fue por esto que Lula y Kirchner rezongaron en público a Chávez en Brasilia. De allí Chávez se fue tranquilo a Cuba, se reunió con Fidel y Evo Morales, y de regreso su socio boliviano tomó el control total del gas y con justicia pero violando los acuerdos, le aumentó el precio a casi el doble.
Pocas semanas después sorpresivamente ingresó Venezuela al Mercosur como miembro pleno. Fue la incorporación más rápida de la historia. Una vez más Chávez rió último… al tiempo que aumentaba su condición de acreedor de la Argentina, hasta alcanzar los tres mil millones de dólares en bonos.
Las tensiones en la cumbre fueron evidentes, Fidel los dejó plantados, aconsejados y corregidos, y se adueñó de la totalidad del escenario. Cuba y Bolivia rechazaron la invitación a ser miembros plenos del Mercosur, y a la cena inicial, Fidel, Chávez y Morales faltaron juntos, ante el enojo inocultable del anfitrión, después del incidente de la carta por los derechos de la médica argentina en Cuba.
Bolivia dijo que seguirá siendo parte de una C.A.N., desde Panamá hasta Chile, buscando un acceso casi soberano al Océano Pacífico, que logrará por el valor estratégico de sus enormes reservas de gas natural. Poco importa que todos estos países tengan tratados de libre comercio con los Estados Unidos. Por estas horas el Vicepresidente boliviano negocia en Washington facilidades de comercio. Cuba también declinó ingresar al Mercosur. «Estamos prontos para eso, pero les aconsejo por ahora no invitarnos,» dijo Castro.
Vimos en directo gestos y ademanes, papelitos y micrófonos abiertos, tan peligrosos como para un jugador de fútbol que comete un penal en el mundial. Fidel fue un invitado que distrajo la atención, dejando lejos los temas que realmente agobian la región. A sus ochenta años, más bloqueo y con su medio siglo continuo de poder absoluto a cuestas, cumplió su cometido. Fue lúcido y lució entre todos los presentes y sin haber tenido que ganar una elección para poder estar allí, habló todo el tiempo que quiso y dijo lo que algunos no hubieran querido tener que oír. Al día siguiente junto a Chávez habló tres horas en un acto, sin que gobernante argentino alguno estuviera allí presente.
En esta particularísima Cumbre, se impulsó crear el Parlamento del Mercosur, otro instrumento supranacional donde nuestra menor población y territorio comparado se nos podrán volver en contra. ¿O será acaso que se tendrá la inocencia de creer que nos darán idéntica representación por país, para votar resoluciones con fuerza obligatoria e inmediata?
Falta mucho por saber. Pero por las dudas con el ingreso pleno de Venezuela, los más grandes se sienten más tranquilos. Uruguay y Paraguay han quedado perdiendo tres a dos. ¿Entraremos solos también en este brete?
Se proponen más órganos y no somos capaces de coordinar medidas macroeconómicas mínimas, con las monedas alineadas solas, con bajas tasas de interés y en la bonanza de nuestros productos exportables. Sin resolver, la exportación de bicicletas o heladeras, o el suministro de gas, o el paso de electricidad desde un tercer país y seguimos empastados en la celulosa, o trancados con el arroz en la frontera.
Presionada, la Secretaría en plena crisis, apenas pudo descolgar el ocurrente cartel de «se vende el Mercosur», con un Uruguay bloqueado en plena temporada. Lo del Parlamento es patear de punta y para arriba, mientras todo sigue tan injusto como está. No habrá integración efectiva sin respeto y confianza mutuos, más allá de los discursos y de forzadas sonrisas para la foto.
¿Quien propondrá la necesaria reforma de la Constitución, para crear un Parlamento supranacional, afirmando que se trata de un tema prioritario de la agenda nacional?
Ni siquiera sabemos aún si se respetará el fallo de la Haya y nadie evita que se nos agreda en el mundo financiero internacional, para que Uruguay pierda las inversiones más importantes de su historia.
Uruguay no debe salir del Mercosur, pero corresponde exigir se nos respete, así como nosotros hemos siempre respetado a los demás. Tiempos habrá –que no son precisamente estos– para discutir el Parlamento del Mercosur, pero mucho antes las palabras se deberán compadecer de la realidad. *
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