Sobre la reserva moral de las FFAA
En ocasión de celebrarse el consejo de ministros en la ciudad de Melo, el intendente de Cerro Largo creyó propicia la oportunidad para cuestionar la política que lleva adelante el gobierno respecto de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura.
El intendente nacionalista Ambrosio Barreiro, un militar actualmente en situación de retiro que ocupó cargos de gobierno durante el régimen cívico-militar, aprovechó la circunstancia de hallarse reunida la cúpula gobernante del país para efectuar un planteo a propósito del cambio de rumbo en materia de revisión e investigación de los crímenes cometidos al amparo del terrorismo de estado.
Según la crónica del matutino El País de ayer, «Barreiro mostró una visión crítica sobre la política del gobierno en materia de revisión de las violaciones a los derechos humanos ocurridas en el gobierno de facto, al presentar el reclamo durante su intervención en la sesión pública del Consejo de Ministros que se realizó ayer en el Gimnasio Municipal de la ciudad de Melo.
En su calidad de militar retirado, el jefe comunal arachán indicó: ‘Los errores en que los orientales incurrimos en épocas recientes, no son motivo para acosar y destruir esta gran reserva moral, siempre al servicio de la nación’.
Y reclamó: ‘Señor Presidente, señora ministra de Defensa: en ustedes reposa la tremenda pero hermosa responsabilidad de velar por que esto no suceda’.».
Sin que ello signifique poner en tela de juicio el inalienable derecho de cada ciudadano de expresar públicamente su opinión respecto del asunto que sea (derecho conculcado por los motineros y sus cómplices civiles durante los años de plomo), entendemos que las apreciaciones y reclamos del intendente de Cerro Largo son inoportunas y están fuera de lugar.
En efecto, el intendente parece suscribir la tesis corporativista adoptada por las instituciones sociales castrenses y se aferra al absurdo concepto de que cualquier cuestionamiento a las Fuerzas Armadas o a alguno de sus miembros conlleva un «acoso» o un intento de «destruir» la «gran reserva moral siempre al servicio de la nación» que encarnan las Fuerzas Armadas.
Es realmente lamentable que el militar retirado, que milita en un partido que se caracterizó por su vocación civilista y su respeto irrestricto de la ley, se mantenga aferrado a las coordenadas mentales imperantes hace treinta años, para las cuales un adversario es un enemigo; un disidente, un traidor y un crítico, un subversivo.
¿No se le ocurrió, a este jefe comunal democráticamente electo, que lo verdaderamente «destructivo» para la «reserva moral al servicio de la nación» son las acciones llevadas a cabo por los violadores, torturadores y asesinos que operaron con impunidad y alevosía en su monstruosa tarea de anular la protesta opositora?
Nosotros entendemos que los «errores» en que incurrieron algunos orientales a que alude el intendente son algo más que eso: son actitudes francamente criminales. Y creemos que toda investigación tendiente a aclarar los crímenes abyectos y la posibilidad de que sus autores sean sometidos a la Justicia, ni acosan ni destruyen; antes bien por el contrario, servirán para que las Fuerzas Armadas recuperen una «reserva moral» destruida por los terroristas de estado y desgastada por la impunidad y por el obstinado silencio observado hasta hace poco tiempo. *
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