Frente Amplio

Una reflexión autocrítica y de rumbos

Martes 12 de septiembre de 2000 | 12:00
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Pablo Anzalone

El Frente Amplio inició el 2 de setiembre una reflexión autocrítica y la definición de rumbos para todo este período. El discurso de Tabaré Vazquez, a su vez, abrió, con intención declaradamente catalizadora, un conjunto de temas que hacen a la profundización del proyecto político y programático de la izquierda. Sin entrar todavía en estos planos nos interesa aportar algunas reflexiones que hacen a la autocrítica y a las estrategias ante una situación nacional cada vez más crítica.

Derrotar a la derecha y desplazarla del gobierno no será tarea fácil y requerirá grandes esfuerzos de todo el campo popular, y una gran conjunción de fuerzas en lo político y social.

La reforma constitucional logró el objetivo de allanar el camino a la derecha para unirse electoralmente (en los demás planos ya lo estaba) contra el FA. Si bien la derecha presentó en esta instancia malos candidatos, cuestionados internamente y con una imagen deteriorada, mantiene resortes de poder tan influyentes que pueden levantar o hundir temas en una campaña, agitar fantasmas y hacerlos operar sobre los miedos y debilidades de la gente. Miedos y debilidades que debemos entender, porque son el terreno donde actuamos también, y que coexisten con la gran disconformidad social.

El FA-EP llegó a 1999 luego de varios años de crisis internas, debates de orientación y graves cuestionamientos a la unidad de acción de la fuerza política. Para sólo mencionar los hechos más relevantes: el propio presidente del FA utilizó el acto del 25 aniversario para cuestionar las decisiones de la fuerza política; un sector importante hizo campaña a favor de la reforma constitucional; hubo diferencias considerables en la actitud a tomar ante el gobierno de Sanguinetti y votaciones distintas ante las iniciativas del gobierno; ediles y fuerzas políticas violaron resoluciones democráticas e impugnaron la posibilidad misma de una unidad de acción del FA. Hubo largos períodos sin presidencia, y el breve período de reorganización y movilización de l997 culminó en una nueva crisis. La experiencia de las Mesas Políticas en el interior y el impulso a la labor programática desde las unidades temáticas abiertas, fue y es muy valiosa, pero no tuvo continuidad. La unidad de acción fue vulnerada en temas tan fundamentales como la reforma constitucional y fue cuestionada como criterio básico del FA. Una gran parte de las preocupaciones y los esfuerzos estuvieron centradas en los debates internos.

El funcionamiento del sistema político en este período, bajo la hegemonía neoliberal y el mando ceñido de la coalición, generó un alejamiento respecto a la población. Revertir este distanciamiento exige del FA una fuerte orientación de diálogo, de intercambio, de apoyo y elaboración conjunta, con las organizaciones sociales nuevas y viejas. Requiere capacidad de escuchar y una actitud atenta frente a las nuevas realidades en este plano. La gestación de esos vínculos cada vez más profundas es una condición fundamental para la acción política de la izquierda. En ese sentido los esfuerzos del FA-EP han sido discontinuos e insuficientes. En torno al trabajo local, la gestación de liderazgos, y un arraigo mayor en el interior, temas de trascendencia para la izquierda, resienten la excesiva centralización montevideana del funcionamiento político y las iniciativas.

El FA-EP realizó hasta octubre la mejor campaña de su historia. La gestación de propuestas programáticas con un enfoque participativo y fermental desde las unidades temáticas, en contacto con las fuerzas sociales, culminó en un gran congreso del FA. Sus resoluciones fueron la base para la elaboración de El Otro Programa, a nivel del EP y de muchas de las iniciativas políticas de la campaña del 99.

Pero 6 meses de campaña no alcanzan para superar errores y dificultades de años. La modificación de la correlación de fuerzas fue muy importante, en cuanto a crecimiento de la izquierda pero no fue suficiente.

La campaña del FA.-EP de octubre a noviembre tuvo errores y carencias importantes: sobre todo la pérdida de la iniciativa, una actitud defensiva, y una preocupación excesiva acerca de la tranquilidad del sistema financiero. Faltó la claridad y contundencia de la primera etapa.

Es necesario aprender de las reflexiones autocríticas y vincularlas con nuestra práctica. En el encare de la acción política de hoy y de los años venideros, está la clave de los resultados de batallas electorales futuras. Señalemos, muy escuetamente, que el FA necesita reorientar la estrategia de su acción política. El gobierno del Dr. Jorge Batlle ha logrado manejar su imagen política con habilidad, a pesar de la situación social que empeora drásticamente, y de la política económica actual que daña tan fuertemente la calidad de vida de los uruguayos.

El FA, ante esta situación, no ha encontrado una estrategia clara de acumulación. En el plano parlamentario las expectativas que, dada la cantidad de legisladores frenteamplistas, la coalición de gobierno iba a negociar con nuestra fuerza política, y por lo tanto aceptar algunos iniciativas a favor de la población mas golpeada, se han demostrado equivocadas. La coalición define sus proyectos y luego se aprueban con mano de yeso, sin espacio para variaciones significativas y la mayoría de las veces ni siquiera mínimas. La experiencia de la Ley de Urgencia es que todos los aditivos y sustitutivos elaborados con seriedad por nuestra fuerza política no fueron tenidos en cuenta en lo más mínimo y tampoco trascendieron a las paredes del Parlamento, perdiendo la batalla por la opinión pública. Por otro lado las reuniones de Tabaré Vázquez con Jorge Batlle, deben ser analizadas en función del desgaste que pueden generar para Tabaré y el FA, en la medida que se reitera que ningún resultado positivo para la población surge de ellas. Ni una sola de las propuestas del FA fue incorporada.

Paralelamente la situación social está cambiando y la disconformidad se expresa de diversas formas y en sectores muy amplios. Las protestas, las luchas populares pueden crecer y trascendiendo su carácter puntual, gestar vínculos y experiencias que superen la fragmentación individual o corporativa.

Tener capacidad de escuchar, de dialogar y sumar fuerzas es una parte importante del accionar de una izquierda que debe reformular sus relaciones con las organizaciones sociales, para acercar la política a la gente. Por ahí la confrontación política y programática con la derecha tiene un cauce para ensancharse. En ese rumbo, involucrándose plenamente, en todos sus niveles, vemos una estrategia de crecimiento para el EP-FA y de incremento de su arraigo en la población.

* Dirigente del PVP

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