Resultados y significación de la Cumbre de Córdoba
Acaba de finalizar en Córdoba la XXXa. Cumbre de Presidentes del Mercosur.
Todos los analistas coinciden en que una reunión ordinaria –casi rutinaria– convocada para la transmisión de la Presidencia pro témpore adquirió una especial trascendencia por varios factores.
En primer lugar, se trata de la primera cumbre presidencial a la que asiste oficialmente Venezuela en su carácter de miembro pleno del bloque regional. La presencia del polémico presidente Hugo Chávez sirvió para estrechar aun más los lazos entre los estados socios.
También la presencia del presidente boliviano Evo Morales significó una reafirmación del espíritu latinoamericanista de la reunión.
Pero fue sin duda la comparecencia del líder cubano Fidel Castro lo que dio un carácter particularmente antiimperialista a la cumbre mercosuriana, y puede percibirse como un paso hacia la tan ansiada integración total de los pueblos al sur del Río Bravo, como respuesta alternativa al ALCA y los afanes imperiales.
La presencia de Fidel Castro en el encuentro de Córdoba implica un duro revés a la política anticubana de la Casa Blanca, afanada en aislar a la isla y ahogarla económica y diplomáticamente. La firma de un acuerdo comercial entre La Habana y el Mercosur puede calificarse de histórica. Por dicho convenio de complementación económica se eliminaron las barreras arancelarias y se liberaron más de mil productos, lo cual abre una brecha de insospechables consecuencias en el ominoso bloqueo a que está sometida Cuba desde hace cuarenta años.
Pero más allá de los aspectos meramente económicos o arancelarios, el acuerdo tiene un innegable carácter político. Se trata de una señal inequívoca que el subcontinente envía al imperio y que Bush y sus asesores deben recibir con alarma. Son cuarenta años de bloqueo, de aislamiento, de hostigamiento, de terrorismo, que empiezan a desmoronarse merced a la unión inquebrantable de los países del sur expoliado y a la solidaridad para con la pequeña y heroica isla caribeña.
El imperio es poderoso y su prepotencia es por todos reconocida. Sin embargo, esta unidad latinoamericana –o al menos la unidad de los países reunidos en Córdoba– obliga a la Casa Blanca y al Pentágono a revisar su estrategia y a pensar dos veces antes de recurrir a la violencia bélica, su más preciado medio de imponerse, para ejercer represalias contra Cuba, Venezuela o cualquier otro Estado que defienda sus intereses y haga frente a los designios hegemónicos del imperio.
Para finalizar, debemos mencionar el excelente discurso de nuestro presidente, doctor Tabaré Vázquez, que no esquivó el espinoso asunto del conflicto con Argentina por las plantas de celulosa. Fue un discurso firme pero mesurado, en el que el Presidente expuso con claridad la posición uruguaya a la vez que tendió una mano al gobierno argentino, en una señal inequívoca de su voluntad de diálogo y de resolver el conflicto binacional mediante acuerdos civilizados.
El balance es auspicioso.
Hay perspectivas sólidas de mejorar el funcionamiento del Mercosur, de superar las trabas y diferencias que hoy lo han maniatado. Y en lo que respecta a los intereses específicos de nuestro país, las vías hacia un entendimiento racional con el gobierno argentino parecen expeditas.
Después de la Cumbre de Córdoba, hay razones para encarar el futuro con una razonable expectativa esperanzadora. *
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