Por qué aumenta el precio de la carne
Cada vez que aumenta el precio de la carne suele reinstalarse el debate considerando injustificable y hasta de hecho un despropósito que inspira a los responsables del sector, al tiempo que la mayoría de los sacrificados consumidores miran con resignación el deterioro de la ingesta per cápita de ese vital y tradicional alimento.
Pero lo que resulta llamativo es que ninguna autoridad, llámese Ministerio de Ganadería o el propio INAC, tome el toro por las astas y explique a la población acerca de las verdaderas causas vinculantes que determinan el aumento del precio interno del producto. En caso contrario, resulta más fácil declarar que hay un «malo de la película» detrás de este asunto, y que además opera con intenciones de ocasionar ciertos perjuicios políticos.
Digamos, por consiguiente, que lo que hace falta es proporcionar a los consumidores la información correcta y necesaria sobre los verdaderos factores que motivan la suba de la carne.
En primer lugar, corresponde decir que nuestro país ha desarrollado con éxito la inserción externa del modelo agroindustrial exportador de la carne, el cual representa el principal rubro comercial hacia los diferentes mercados. Prueba fehaciente que explica el destino del 75% de la producción de carne en gancho hacia la exportación, y un 25% para el mercado interno.
Sintéticamente, este logro es el resultado de la explotación y calidad de sus recursos naturales como la ganadería, la seriedad de su política en materia sanitaria y la consolidación de una actividad industrializadora competitiva en los mercados internacionales.
Asimismo, es bueno también recordar que el Estado instaló desde comienzos de la década pasada reglas de juego basadas en el libre mercado de la carne, donde la oferta y la demanda determinan la formación de los valores en las distintas etapas de la cadena. En estas condiciones existen por tanto dos variables de capital importancia y de cuya evolución dependen los ajustes periódicos que se registran en el precio de la carne.
Tenemos por un lado la internalización del precio de exportación del producto. Esto quiere decir que dicho valor se transfiere y repercute en el precio al consumidor uruguayo.
Dicho de otra manera, el precio externo traducido a través del tipo de cambio, menos impuestos, se transforma en el «piso» del producto en el mercado interno.
De paso conviene explicar aquí que la relación entre la evolución del tipo de cambio y los ingresos de la población, determina asimismo la capacidad de compra de la población.
El otro ítem del problema refiere a la cotización del precio del ganado que es en dólares y no en pesos, en régimen libre de oferta y demanda.
Significa que cualquier alteración en el mercado de comercialización del «gordo» o del ganado preparado para faena, repercute de hecho en la formación del precio del principal insumo de la industria. Por tanto, cualquier ajuste al alza que se opere en el mercado de haciendas, incide en forma directa en la variación del costo de la media res en gancho puesta en carnicería.
Hasta aquí entonces tenemos una descripción de los principales elementos que intervienen en el precio de la carne.
Es cierto también que la decisión de abatir el peso de los impuestos internos que gravan la comercialización del producto al consumo (IVA y Cofis), puede coyunturalmente contribuir a una cierta rebaja de los precios.
No obstante, el resultado de esa medida va a depender de cómo evolucionen en adelante las principales variables del negocio de la carne que hemos reseñado.
Por consiguiente, nos parece importante acercar los elementos que conduzcan a una real interpretación de un tema de alta sensibilidad social y económica, como lo es el precio de la carne.
Ahora bien, el tema de cómo encarar soluciones con respecto a mejorar el consumo interno de proteínas de origen animal, sin duda que es materia de discusión que abordaremos en otro comentario. *
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