El centro educativo
En el debate educativo que se ha generado, es fundamental avanzar sustancialmente en lo que significa el rol, la organización y la prioridad del centro educativo dentro del sistema (llámese Escuela, Liceo, Escuela Técnica, Instituto de Formación Docente etc.).
Aproximadamente dos millares y medio de centros docentes posee la actual ANEP de los más variados tamaños y niveles, y enclavados en las más variadas áreas socio económico culturales.
Constituyen los centros educativos el lugar donde se desarrolla la acción del sistema, por lo cual allí es donde se cumplen los fines y metas y donde podemos apreciar los principios que le caracterizan.
Ese es el frente de batalla, allí está el accionar diario. Allí se encuentran docentes y alumnos, y si no le signamos en el debate el tiempo y la calidad de aportes necesarios, estaremos manteniendo su statu quo.
Esto también significa hacer opciones.
Somos de los que pensamos que los centros deben conformar parte de un sistema nacional. La autonomía de ellos implica la imposibilidad del desarrollo de políticas educativas al servicio del país y de la sociedad.
La falta de potestades para adecuarse al medio y recibir el aporte de los distintos actores que lo componen, significa quitarles la vitalidad y el oxígeno que precisan para el cumplimiento de sus roles.
Lo que el país y la sociedad quieren de la educación debe reflejarse allí, por eso la importancia de que los centros de enseñanza, las autoridades del sistema y distintos actores actúen como vectores orientados en el mismo sentido.
Tampoco debe desconocerse las características particulares de cada medio, lo cual es clave para dar respuesta a demandas específicas de cada comunidad, para la asignación de recursos económicos y humanos, y para orientar motivacional y metodológicamente la labor docente.
La participación de los distintos actores en la organización de los centros docentes debe ser relevante. No es ello lo que hoy sucede, porque el sistema se ha estructurado de otra forma.
La participación activa de padres, docentes y estudiantes crea una fuerte motivación en ellos, generando compromiso y pertenencia a la institución, valores que son claves para sentirse una verdadera comunidad y lograr el cumplimiento de objetivos y niveles de eficiencia muy superiores.
Tradicionalmente en nuestro país, la participación de los padres ha estado limitada por lo general a la obtención de recursos materiales. Ello significa subvalorar el nivel de aporte que tienen en distintos planos y restarle potencialidad a escuelas, liceos y otros centros.
El aporte de los estudiantes en la organización de la comunidad educativa por lo general ha sido minimizado, asignándole un rol pasivo.
Las asambleas por clase, la reunión de sus delegados entre sí y con otros actores del centro de enseñanza, la participación en gremios y el cogobierno a nivel universitario, ayudan a generar compromiso, armonizar intereses y administrar conflictos, hacen también al respeto al alumno.
Que cada centro educativo tenga un consejo integrado por su dirección, docentes, padres y estudiantes hace a lo que significa una verdadera comunidad educativa. *
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