El desafío del resultado de La Haya
Después del fallo de la Corte de la Haya sobre la suspensión de las obras de construcción de las plantas de celulosa, asistimos hoy al enorme desafío de actuar con inteligencia y con capacidad de prevenir males mayores.
Este primer fallo, tan previsible ayer como lo son hoy sus posibles consecuencias, pone a los dos gobiernos ante un cruce de caminos cuya opción será el factor determinante de un modo de convivencia binacional durante años.
Se pidió por Argentina se ordenara suspender las obras sobre la base de que son contaminantes y que además había un riesgo ambiental inminente. Dijimos siempre que salvo el humo de los asados de los albañiles al medio día, otra contaminación no podría haber en esta etapa.
Aun desde esa certeza, afirmamos que era necesario construir puentes de razonabilidad y reconciliación con la gente de Entre Ríos, desde la base cervantina de pocas pragmáticas pero efectivamente comprobadas y garantizables.
A los entrerrianos, tan difíciles de diferenciar de los uruguayos, se les instaló en la creencia que con las plantas de celulosa funcionando, su salud, su economía y su tranquilidad estaban seriamente comprometidas. Desinstalar estas creencias una vez que nos colocamos en ellas, nunca es fácil.
Siempre es sencillo preocupar, mucho mas difícil es dar certezas tranquilizadoras. Este es, sin duda el verdadero desafío de la hora, y hoy más que nunca después de este resultado favorable, Uruguay debe dar el primer paso, con sobriedad y con absoluta buena fe.
Publicamos tiempo atrás que «Falta saber si cuando Argentina pierda en la liga, logrará que su gente acepte en la cancha de lo cotidiano esa derrota…». Afirmamos entonces: «Si se rechaza el pedido argentino y en consecuencia siguen las obras, serán años de tensión, donde seguiremos sumando la vergüenza compartida, de una absurda situación irresuelta, exhibida al mundo. Siempre creímos que el camino era La Haya, pero de otra forma. Compareciendo juntos ambos países, en busca de una solución complementaria por equidad, a los puntos que no pudiéramos resolver en la mesa de negociación».
Al mismo tiempo propusimos «ir al Consejo permanente de la O.E.A. a pedir juntos, que los 34 países elaboraran un reglamento modelo aplicable a todos los países miembros de la OEA, que regule los estándares aceptados para la producción de pasta de celulosa, como antes se hizo en otros temas, incluso más complejos y de consecuencias terribles para la vida de la gente.»
Hoy ante el fallo de la Corte, es hora de grandeza y de firmeza, por eso también es la hora de actuar con buena voluntad. Dos pueblos esperan y los gobiernos tienen el deber inexcusable de construir el camino de salida, con justicia y buena fe.
Dejemos planteado además y desde ahora, que los uruguayos queremos igual trato con respecto al control de diseño, instalación y funcionamiento de las plantas nucleares que se desarrollen en la zona, porque eso también es de estricta justicia y un motivo de fundada preocupación para nuestra gente.
La consigna es a nuestro juicio clara. La población de Entre Ríos debe estar segura que Uruguay no habrá de consentir que las industrias contaminen y perjudiquen a la vida. No importa donde estén y cual sea la nacionalidad de quienes puedan llegar a ser los afectados.
Desde nuestra innegociable soberanía, nuestro compromiso con la vida y con los principios del desarrollo humano sostenible, nos lo imponen desde siempre. Quedó ofrecido abrir las puertas del control conjunto de todo el tema. Agreguémosle ahora la presencia de veedores que representen a las localidades comprendidas, y busquemos resueltamente los acuerdos que –no tengo duda–
con esfuerzo y buena fe, seremos capaces de lograr una vez más. *
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