¿Qué fariseo condenará a Zidane?

El partido más soñado expiraba. Francia había mejorado superlativamente su rendimiento colectivo en la segunda etapa a pesar del empate de la «Nazionale». El calcciatore Materassi le propinó al maestro del balompié galo el peor de los insultos, léase «hijo de puta terrorista», descargando sobre el más famoso de los inmigrantes del norte de Africa llegados a la Comunidad desde los tiempos de Albert Camus la ira del ignorante, nuevo rico que ve amenazado su botín de guerra luego de una final sin pena, ni mucho menos gloria… La reacción violenta de Zidane se dio en ese contexto. ¿Qué fariseo lo va a condenar?

¿Serán los servidores del sistema que pretendió destruir a Maradona, los dependientes que viajan por el mundo sirviendo a Blatter y el nunca extinto Joao Havelange? ¿Serán los hipócritas que no ahorrarán palabras para condenar la actitud antideportiva de «Zizou», el pasado domingo y seguramente barrer bajo la alfombra los oscuros manejos notorios y públicos del balompié itálico, que deberán más temprano que tarde ser debidamente esclarecidos?

Pedirán, a no dudarlo, su cabeza en el nombre de Dios y de la FIFA, porque es más fácil ser sirviente domesticado del sistema que luchar contra las injusticias que lo signan.

Hace exactamente dos años y en otro contexto, acompañamos a Carmela Cristiani al Consulado de Italia, ubicado en Punta Carretas, a reclamar por sus derechos de nacionalidad y ciudadanía. Carmela es madre de dos hijos adolescentes y pide regresar a su patria. Sin embargo, las autoridades consulares no le permiten volver porque es pobre, e Italia, según se nos comunicó aquella vez, no posee Planes de Emergencia Social comunitaria. Nativa de Palermo, fue traída a estas costas en los años 50, sin su consentimiento, por padres adoptivos uruguayos ya fallecidos.

La actitud de Materassi y su insulto a Zidane nos recordaron bastante los modales del señor cónsul, no permitiéndonos en aquella muy desagradable entrevista, pararnos para saludarlo y presentarnos.

Nos hicimos parte y cargo –en circunstancias muy diferentes a las actuales– de las razones de Carmela y la seguiremos apoyando en sus derechos y los de sus hijos tan italianos como los señores diplomáticos y su séquito.

Del mismo modo acompañamos la rebeldía y la reacción de Zidane frente al soez insulto de un mal compañero de profesión, esperando que al señor Materassi se le juzgue y suspenda de la práctica del fútbol porque su repugnante ejemplo puede cundir y ser tomado como bandera en un continente del cual su organización política superior, la CEE, apoya la política belicista y fascista del gobierno israelí, que levanta muros y ocupa territorios que no le pertenecen.

Nos sumamos a la demanda por derechos humanos de millones de inmigrantes de origen árabe, indio, sudamericano y ajenos a los bellos rostros del «establishment» que son usados para limpiar los baños del viejo continente. Condenamos la hipocresía de la FIFA, de sus adláteres dependientes, como el vernáculo de la AUF., quienes nunca jamás estarán en el sentimiento de la gente, ni comprenderán a los Zidane, a los Maradona, a los Romario, a los rebeldes que claman por su lugar en el mundo.

Un lugar y un mundo libre de fascismo, racismo y violencia, libre de explotación y de bombardeos y ocupaciones preventivas, un mundo donde el deporte signifique confraternizar y estrechar las relaciones entre los pueblos de diversas pieles, religiones y banderas sin distinción más que el talento propio de los Zidane, de los Andrade, de los Garrincha, de aquellos héroes y tumbas sagradas y rebeldes por toda la eternidad. *

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