La agenda política del cambio

Los medios de la derecha política vienen ejerciendo hace un año y medio una sistemática entrega de verdades a medias, sobre la conciencia de quienes legítimamente investimos a Tabaré Vázquez como primer mandatario.

En el cambio hubo también una apuesta a generar en nuestra sociedad debate e información independiente de los grupos oligárquicos. Hablamos sin eufemismos de los medios de comunicación serviles a toda clase de impunidad, intereses corporativos, hacia aquellos poderes y señores que históricamente han tenido «la sartén por el mango» y empleado a los periodistas como simples amanuenses de sus intereses de clase.

Muchos creíamos que la democracia nos devolvería la palabra dignidad con mayúscula. En particular los trabajadores. Debieron transcurrir veinte años para que con mayorías parlamentarias en esta sociedad hubiera fuero sindical y respeto a las conquistas de clase, históricamente reivindicadas por el PIT-CNT, central única, unitaria y clasista, ejemplo para las centrales obreras de cualquier parte del planeta.

Dejamos atrás cuatro lustros y más para que la verdad aflorara bajo la superficie de recintos militares y descubriéramos en el terreno de los hechos probadamente la mayor tragedia colectiva que viviera nuestra república. Idéntico plazo debimos superar para que las actuales autoridades se hicieran cargo del desafío más urgente legado por los anteriores mandatos de signo neoliberal.

No es por cierto menor articular un Plan de Emergencia para atender a los condenados al hambre y la pobreza.

¡Cuánto se ha hecho en políticas públicas en tan solo un año y medio!… Sin embargo, quienes sirven a la prensa entrelazada al poder económico no tienen ningún escrúpulo en relativizar y menospreciar la veracidad de estos hitos. Apelando al globalizado y repulsivo estilo propio de los «paparazzi», descargan su desprecio y burla sobre los actuales gobernantes y lo que ellos simbolizan. Es (en toda su expresión) el desdén hacia los pobres y obviamente hacia la fuerza política que los representa. Frente a estos hechos el gobierno debería resguardar a todos sus ciudadanos de la información tendenciosa que busca coartar el proceso histórico iniciado por el pueblo oriental a contar del 31 de octubre de 2004. Y en este aspecto hay que hablar con meridiana claridad. No sólo se trata de implementar con éxito políticas públicas. Debemos comunicar más y mejor el día a día del gobierno popular.

En esta realidad de profundas transformaciones económicas, sociales y políticas, los gobernados necesitamos que el Presidente nos cuente de manera periódica, sistemática y de primera fuente a través de un medio tan tradicional y preciado para los uruguayos como lo constituye la radio, el tan simple y valioso saber cómo venimos, con ese lenguaje sencillo y coloquial que lo ha caracterizado desde siempre y que refleja sus orígenes proletarios. Así también es preciso continuar en sintonía con una prensa libre de todo poder ajeno a la enorme voluntad ciudadana que llevó a Tabaré a su actual responsabilidad.

Sería preciso, por otra parte finalmente, abrevar a diario de una vocería oficial, que nos participara de la tarea en todos los estamentos gubernamentales. El derecho a la información veraz está en la esencia del cambio y su agenda política la deben marcar los conductores y obreros del Uruguay del mañana. *

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