Cultura popular

Gladiadores y abogados

Los latinoamericanos no terminamos de familiarizarnos con el realismo jurídico, y particularmente con una de sus consecuencias más claras, que es la integración de la cultura jurídica popular con las instituciones de derecho.

Las películas históricas, particularmente aquellas vinculadas a la historia de Roma, brindan una excelente oportunidad para la reflexión sobre muchas de las instituciones que damos por suficientemente discutidas y que sin embargo penden de alguna forma sobre el mundo moderno, aunque más no sea como un fantasma.

La película de Scott es altamente recomendable en este sentido y en muchos más.

Si bien puede acusársele de una cierta discrepancia con la realidad histórica, derivada del hecho de que nunca existió un general – esclavo – gladiador Máximus y que tampoco ninguno de los hijos de Marco Aurelio combatió en la arena del circo romano para captar el favor popular.

Pero si bien existen algunas discrepancias con la realidad histórica, el filme tiene la enorme virtud de trasmitir con una incomparable precisión el ambiente de la época, y el entorno general que rodea una Roma que entra en un creciente centralismo político, y una decadencia jurídica y cultural que le va a llevar a su cataclísmico final.

Quien haya leído los comentarios de Séneca sobre el período no le costará trabajo reconocer el entorno de prepotencia o violencia, que se proyecta en forma opresiva sobre el espectador con un realismo realmente sorprendente.

Pero el hecho de que no haya existido en la vida real el general gladiador esclavo, no quiere decir en absoluto que no haya existido.

La particularidad extraña de este filme es que la historia que se relata es una historia real, sacada de una novela autobiográfica de un abogado norteamericano llamada «Litigator» de Max I. Moskowitz.

El protagonista de Litigator (el propio Moskowitz) es un abogado que construye un estudio de dimensiones enormes dentro de su especialidad de propiedad intelectual, y conquistando como clientes las empresas de Silicon Valley, en ardua competencia con los estudios de New York.

En determinado momento, un conflicto con la firma donde trabaja, hace que sea despedido del estudio, y que se le inicien procedimientos penales, que en definitiva motivan que le sea retirado el título profesional.

Moscowitz debe ejercer entonces bajo un nombre falso en pequeños pueblos del interior.

En el último minuto de Litigator Moskowitz es llamado a presentar un caso importante de propiedad intelectual en San Francisco donde se encuentra con el hijo del antiguo propietario de la firma de abogados en la otra parte.

La caída de los héroes afecta la historia romana, y en la novela de Moskovitz, la firma jurídica pierde socios y clientes, y como dice Siskind la firma es en definitiva vencida por los abogados bárbaros de Nueva York. (Lawrence J. Siskind: Gladiator: a Lawyer’s Allegory».

El dispositivo alegórico usado en la película de Scott, ha tenido éxito y hoy se han hecho comunes en los Estados Unidos los dedos hacia arriba en señal de aprobación y hacia abajo en señal de desaprobación particularmente en el foro.

Se informa que durante el juicio antimonopolio contra Microsoft, los abogados del Ministerio de Justicia querían dividir la compañía en dos y el juez Thomas Penfield Jackson expresó con cierta ironía y siguiendo la moda impuesta por el momento: «Gallia est omnis divisa partes tres.» Una conclusión llevaría a este trabajo más lejos de donde quiero llegar. Los peligros del exceso de centralismo y el exclusivismo en el poder mundial en el momento actual parecen demasiado evidentes para ignorarlos, y las zonas periféricas y subdesarrolladas del mundo parecen ser las víctimas potenciales más visibles del uso incorrecto de las variables políticas y jurídicas. El tema es para otro tipo de desarrollos de mayor profundidad y frecuencia. La película no debiera perderse.

 

* Abogado. Profesor universitario

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