¿Reforma impositiva o ajuste fiscal?
Si hay una cosa que calienta a los uruguayos, es que los integrantes del gobierno le mientan. Ya han aguantado las mentiras de los gobiernos «tradicionales», desde siempre.
En particular, a los frenteamplistas, les «pega» que les mienta SU propio gobierno.
En el transcurso de estos quince meses, se han configurado, por lo menos, dos mentiras inaceptables
1-El Poder Ejecutivo, y en particular, su Ministerio de Economía, dijeron, luego de la elaboración de su primer presupuesto, que era el primer presupuesto «sin ajustes» en la historia del país.
Sin embargo, luego del cambio impuesto por los socios externos, de la ecuación presupuestal pergeñada (Ingresos menos partida del león para remunerar al FMI, disfrazada de superávit obligatorio primario, es igual a «Lo poquito que te queda«), es evidente que se procedió a un ajuste machazo De ahí resultó que los ministerios recibieron en la realidad, menos de lo que le habían asignado los anteriores gobiernos, defensores de los derechos de la oligarquia.
De lo que resultó: menos para sueldos, menos para jubilaciones y menos para inversiones sociales (vivienda, salud, educación)
2-La segunda falacia se presentó por el Poder Ejecutivo, para tratar de convencer a la ciudadanía de que, en las tratativas con EEUU por el Tratado de protección de las inversiones yanquis (TPIY), se habían logrado cambios favorables para el país, respecto del original (doblemente original) texto obtenido con la complicidad de Jorge Batlle.
Por razones de espacio, y por haber hecho los consiguientes comentarios oportunamente, obvio hacerlos en esta nota.
Todo este mamarracho fue presentado por el gobierno a la ciudadanía, como «los enormes avances logrados», para edulcorar el intragable TPI, y minimizar la desobediencia incalificable del gobierno a la decisión contraria tomada en el órgano idóneo para tomarla: la Mesa Política.
Ahora resulta que, inmerso en la llamada «reforma tributaria», el gobierno se encuentra felizmente encorsetado, por una declaración que usó como propaganda de equidad, en su campaña electoral:
«Que pague más el que gana más y que pague menos el que gana menos».
(Y que no pague nada el que no tiene ni para comer, acotamos nosotros).
Y sigue repitiendo el concepto como «eslogan» aun cuando en la realidad, las normas que piensa aprobar, y ha puesto primariamente en conocimiento de la ciudadanía, no apuntan a ello.
Efectivamente:
1-No existe criterio de mínimo imponible para núcleo familiar. Eso significa que pagará igual monto de impuesto el ciudadano que es solo y percibe un ingreso gravado, que el otro ciudadano que teniendo esposa «desocupada» a su cargo y tres hijos adolescentes percibe el mismo ingreso que el primero. Sin diferenciar las mayores o menores obligaciones del sujeto materia del impuesto.
2-No existe criterio de renta total gravada, que sume las rentas de cada categoría en un monto final, al que se le apliquen las alícuotas. Es por ello que, una persona que tiene rentas de las tres categorías (personal, inmobiliaria y mobiliaria), paga el mismo impuesto que tres personas que individualmente, cada una de ellas tiene la misma renta del anterior ciudadano, pero en una sola de las categorías.
Esa persona que tiene, ella sola, la suma de la renta que tienen esos otros tres ciudadanos, sin embargo, le paga al Estado, el mismo impuesto que los otros tres, sumados.
Cuando, en realidad, su capacidad contributiva resulta a todas luces superior.
3- Ni que hablar del tratamiento inequitativo con que se trata la renta del trabajo, con relación a las rentas del capital, ya que no existe en estas últimas tasa progresiva por escalas, las tasas son más bajas, etc..
Así se aplica el mismo porcentaje de gravamen de impuesto al ciudadano que tiene $300.000 de cobro de alquileres, que a aquel que tiene una sola propiedad alquilada en $3.000.
4- Ni que hablar con la exoneración a las rentas provenientes de dividendos empresariales, mientras se sacan exoneraciones a actividades de lógica protección como las cooperativas.
5-Ni que hablar cuando se decide gravar con IVA el boleto, el agua y otros elementos del consumo indispensable de la canasta del pobre, y se bajan las tasas de otros productos suntuarios.
6- Ni que hablar cuando, con el pretexto de la simplificación, se sacan impuestos tales como los aplicados a los pases de jugadores de fútbol, o a las actividades financieras (Imaba).
Y siga y suma.
Claro que me van a salir al paso diciendo que -el Ministerio del Ramo ha sido muy «amplio», abriendo sus correos a toda sugerencia
-que falta mucho por corregir y que se está en la etapa pre-legislativa
-que ya hay 17 propuestas de enmiendas, por legisladores del propio partido de gobierno, de las que se han aceptado ( en teoría) 14.
Pero en una de ellas la «bancada disidente», con enfoque «pequeño burgués», se preocupa en ampliar la segunda franja de la categoría renta del trabajo, para favorecer con una tasa baja a los que ganan más de $14.000…, en vez de aumentar el tope de la primera franja, para que no se pague, mientras el ingreso no llega al importe equivalente a una canasta familiar…
Pero en definitiva, en el mensaje original está la cruda visión de que este gobierno todo y no solo su ministro de Economía («Al contador Astori yo lo apoyo con las dos manos» Tabaré dixit), tiene de las necesidades de los más infelices.
Cuando trata con «almohadas de plumas» a los privilegiados de siempre.
Las cartas están sobre la mesa y que cada cual las lea como mejor pueda.
Pero, por favor, que no nos quieran seguir mintiendo.
Porque eso es lo que más calienta a los uruguayos. Ya es bastante con matarles la última esperanza, que parece ser, a estar por algunas encuestas, lo penúltimo que se pierde. *
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