Mercosur: una muerte anunciada

Sin perjuicio de los cantos y promesas de reconstrucción del Mercosur, es obvio y hasta notorio que su agonía está en estado bastante terminal.

Todo acabó cuando los intereses se pusieron en juego. La historia de la influencia argentina es añeja y ya lo hemos señalado. O sea, nadie se engañe con el cuento de la hermandad. Acá, no hay familia que valga. Y una instancia como la actual, donde se llega después de un largo proceso de deterioro en las relaciones, a los estrados judiciales internacionales, es sin distorsiones intelectuales, concluir con realismo que el Mercosur, al menos para nosotros, llega a su fin. Su deterioro se hizo notorio cuando la intencionalidad de las naciones poderosas, Brasil y Argentina, ignoraban a las más débiles Uruguay y Paraguay. Realidad nada novedosa si repasamos la historia y nos remontamos a la Guerra Grande y a la criminal de la Triple Alianza. En ambas desde entonces, se siguen repitiendo similares resultados y consecuencias. Jugaron siempre los intereses económicos, políticos y hasta sociales de los dos poderosos en perjuicio nuestro. Y hoy, vuelve a ponerse de relieve la imposibilidad de una asociación internacional (Mercosur) en que se quiso imitar a la Unión Europea, cuando las realidades eran totalmente diferentes. No se pude hacer comparaciones o buscar similitudes con el viejo continente, integrado por países con Edad Media y culturas hasta milenarias, que han tenido otras realidades y experiencias, sin perjuicio de idiosincrasias por cierto diferentes a las nuestras, jóvenes patrias americanas aún dependientes de los grandes intereses imperiales donde les va directamente la propia subsistencia. Los yanquis nunca quisieron el Mercosur. Dueños de la mayor parte de la voluntad de sus integrantes, ya fuese por la fuerza de las armas como del capital, los métodos pueden ser distintos pero el resultado el mismo, coadyuvaron al deceso progresivo del mismo.

Seamos realistas: como nacionalista poco me gusta el Tratado de Libre Comercio con el imperio, pero es una necesidad de subsistencia. Y hoy hasta el poderoso Lula y su Brasil entraría en los tratados con EEUU.

Y ese, entre otros métodos o recursos que al imperio le sobran, le sirven para matar o ayudar al bien morir al Mercosur. La dimensión comercial de los EEUU es de tal magnitud que le permite absorber, no ya a nosotros que somos piojos, sino toda la producción fundamental de Sudamérica sin problemas. Si a ese interés yanqui se le suma la pequeñez intelectual porteña de llevar conflictos con países amigos a extremos de estrados internacionales por intereses subalternos, terminan fácilmente con cualquier acercamiento futuro entre las propias naciones. Hoy, nos miramos de reojo y hasta el saludo se limitó. Sería de suponer que Kirchner y su cancillería, si son coherentes, adoptarán similares medidas con Lula y Brasil si acuerdan con la USA, que con nosotros, al tomar los «cambas» resolución acuerdista por su cuenta. En buen romance, lo más sano es depender de nosotros mismos. Siempre por otra parte lo habíamos hecho.

Una cosa es una asociación comercial solidaria regional y otra muy distinta es una patria grande donde los chicos carecen de derechos, y hay que bailar al son de la música de los aspirantes a imperios futuros, borrándonos del mapa en los hechos.

Me resulta más digno y justo ser libre como cabeza de ratón que como cola de león en lugar tan poco decoroso, incluyendo tribunales internacionales como el de La Haya actual, cada vez que se les ocurra pasarnos por arriba. *

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