¿El fin del imperio americano?
Vivimos un período en que abundan los indicios de cambio en las relaciones internacionales y en lo que atañe al predominio de los EEUU. Indicadores financieros y económicos, por un lado. Constataciones de los reveses militares de la primera potencia mundial, por otro. Y finalmente el surgimiento de nuevas potencias que parecerían aprestarse a intensificar la lucha por el liderazgo mundial.
En estos días, un autor más de una vez difundido desde las páginas de LA REPUBLICA, Inmanoel Wallerstein, de una amplia actuación en el campo académico y ensayístico, ha publicado un breve artículo en el que sintetiza las principales conclusiones que se derivan de sus estudios recientes de lo que llama la «economía-mundo».
Los apuntes de Wallerstein son de una contundencia formidable, una verdadera obra maestra de la claridad y de la capacidad de síntesis. La condensada exposición de razonamientos luminosos que realiza convierte a la nota, publicada por el diario mexicano La Jornada, en un punto de referencia imprescindible para cualquier analista de la realidad política, militar y económica del mundo actual.
Estados Unidos se convirtió en la potencia hegemónica incuestionable en el periodo 1945-1970 y modeló el sistema-mundo a su parecer. Estados Unidos se tornó el productor económico principal, la fuerza política dominante, el centro cultural del sistema-mundo. En resumen, Estados Unidos fue el dominador del escenario, por lo menos durante un tiempo.
Ahora, Estados Unidos está en visible decadencia. Más y más analistas comienzan a decirlo abiertamente, pese a que la línea oficial del establishment estadounidense lo niegue vigorosamente, al igual que cierta porción de la izquierda mundial que insiste en que la hegemonía de esa nación continúa. Pero los realistas con claridad de pensamiento, en todas partes, reconocen que la estrella estadounidense va atenuando su luz. La cuestión que subyace a todos los pronósticos serios es entonces, ¿de quién es el siglo XXI?
Analizando la hipótesis de la permanencia norteamericana en el liderazgo, dice el ensayista:
«¿Estados Unidos a la cabeza? Hay tres razones para dudarlo. La primera es una razón económica. La fragilidad del dólar estadounidense como única reserva cambiaria en la economía-mundo. El dólar se sostiene ahora por las masivas infusiones de compra de bonos que hacen Japón, China, Corea y otros países. Es muy poco probable que esto continúe. Cuando el dólar se desplome dramáticamente, incrementará momentáneamente la venta de bienes manufacturados, pero Estados Unidos perderá su control de la riqueza del mundo y su habilidad para expandir el déficit sin una seria sanción inmediata. Los niveles de vida caerán y habrá un influjo de nuevas monedas de reserva, incluidos el euro y el yen.
La segunda razón es militar. Afganistán y especialmente Irak han demostrado en los últimos pocos años que no es suficiente contar con aviones, barcos y bombas. Una nación debe también contar con una gran fuerza terrestre que venza la resistencia local. Estados Unidos no cuenta con una fuerza así, y no tendrá ninguna, debido a razones políticas internas. Como tal, está condenado a perder tales guerras.
La tercera razón es política. Las naciones por todo el mundo están llegando a la conclusión lógica de que ahora pueden desafiar políticamente a Estados Unidos. Tomemos el ejemplo más reciente: la Organización de Cooperación de Shangai, que reúne a Rusia, China y a cuatro repúblicas del Asia central, está por expandirse para incluir a India, Paquistán, Mongolia e Irán. Este último país fue invitado en el mismo momento en que Estados Unidos intentaba organizar una campaña mundial contra el régimen iraní. El Boston Globe llamó a esto, correctamente, ‘una alianza anti Bush’ y un ‘viraje tectónico en la geopolítica'».
El viraje geológico, telúrico, que describe Wallerstein en Asia no está exento de resonancias en el ancho campo de las relaciones internacionales. También en América Latina, la tierra tiembla. A toda la acumulación de fuerzas políticas en distintos gobiernos que buscan otro camino, es muy probable que en las próximas horas se sume la victoria de Andrés Manuel López Obrador en México. *
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