El negocio redondo de Argentina con el gas boliviano
La información nos causó un profundo impacto: «Argentina y Brasil le compran a Bolivia su gas natural, a un precio entre 3,20 y 3,50 dólares el millón de BTU, mientras le vende su gas a Chile a 7 dólares».
Bolivia hoy está pidiendo a sus dos compradores, Brasil y Argentina, que le paguen 5,50 dólares el millón de BTU. Hasta ahora parecería que la pretensión boliviana de aumentar así de golpe en un setenta por ciento el precio de su gas era tan injusta como exagerada. Lula y Kirchner se habían reunido a solas en Brasil, y al día siguiente, rezongaron públicamente al petroextenuante Chávez por haberse reunido en Paraguay sin su permiso, con los presidentes del olvidado Uru.Pa.Bol.
Situaciones como las que estamos viviendo en estos lares demuestran una vez más la vacuidad del discurso supuestamente fraterno y latinoamericanista con que se hacen las presentaciones públicas de medida, y con las que ya nos tiene abrumados.
Si hay un pueblo en la región que necesita salir urgentemente de su pobreza profunda, y que está expoliado absolutamente en el precio de sus recursos naturales, es Bolivia. Recorrer las calles de La Paz en las zonas medias y bajas, ingresar al territorio profundo boliviano, es ver la pobreza asociada a la cristalización recurrente de una situación humanamente insostenible.
El principio ético internacional que conjugamos siempre desde la firmeza de la negociación, es que el desarrollo y el bienestar de una sociedad cualquiera no pueden lograse ni sostenerse desde el abuso sobre otra que le provee sus recursos.
Lo cierto es que Chile adquiere el gas de la Argentina y ésta repone lo vendido a Chile con gas boliviano que lo compra a menos de la mitad de precio. Así de simple. Como Bolivia y Chile están en conflicto por la salida al Océano Pacifico, Argentina se ha transformado en la oportuna intermediaria natural de un suministro que Chile necesita en forma creciente. Si el precio del gas boliviano a la Argentina aumentara un 71 por ciento, según pretenden los bolivianos, y llega a 5,5 por millón de BTU, entonces Argentina deberá pagar a Bolivia 139 millones de dólares más que hasta ahora. Un negocio redondo el que ha venido haciendo la Argentina, donde el único que ha perdido es el pueblo boliviano, quien financia con sus recursos naturales el desarrollo industrial y el confort de sus poderosos vecinos.
Esto no parece tener nada que ver con el verbo solidario, ni con las frases grandilocuentes que se expresan en los escenarios internacionales por quien lucra hoy con este asunto.
Cuando se dejó solo y bloqueado a nuestro Uruguay en su conflicto con Argentina por las plantas de celulosa, al mismo tiempo se dejaba solo en la región a Bolivia por el gas; no es casualidad. Nos volvieron a dejar solos en la reunión en Argentina de los cancilleres del Mercosur ayer, tal como lo anunciamos hace meses que pasaría. No hay que olvidar que Argentina negociaría el precio que finalmente también pagará Brasil por el preciado gas natural de los bolivianos.
No podemos saber si esto fue hecho así intencionalmente, lo cierto es que así resultó ser muy conveniente. El presidente de la Comisión de Desarrollo Económico de la Cámara de Diputados de Bolivia, Jorge Silva, del MAS, lo dijo claramente: «No podemos permitir que Argentina compre nuestro gas natural a 3,40 dólares y luego lo venda en 7 dólares a Chile». Y tenía toda la razón.
Es de esperar que las acciones se apiaden de los discursos.
Buenos temas todos estos para tratar en la próxima cumbre en Argentina, por los Presidentes del Mercosur.
Es la hora de sinceramientos efectivos, de construir relacionamientos con un mínimo de justicia. Es tiempo de poner por delante una forma fraterna de actuar, sin doble discurso y acciones solapadas por detrás. Tiempo de dejar de sonreír para la foto, mientras se esconde el puño cerrado de la prepotencia bajo el poncho. *
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