¿No sería mejor?

Aunque lego en cuestiones administrativas y decisiones políticas de gobierno, pero como ciudadano con derechos y deberes en el acontecer nacional, uno ve con preocupación lo que parece ser una contienda entre distintas posiciones, que no debiera ser tal, bajo la pena de no resolver un problema por demás difícil pero que, a veces, se suele resolver con acciones simples. La vida así lo demuestra por lo menos en campo de la confrontación obrero patronal, que es en el campo en que uno se mueve, y pudiera servir, quizás de espejo. Sin duda que este campo también está enmarcado directamente en la vida política y económica del país.

Tomando el mundo del trabajo, en su más amplia acepción, algunas similitudes existen en la defensa de las fuentes de trabajo, que es lo mismo que fuente de vida económica personal y social: que una fábrica cierre sus puertas es dramático, que un productor agropecuario sea ejecutado, también. Quede claro que en esto no estoy involucrando a los «contumaces».

Si bien la construcción de una solución al problema del endeudamiento, tan traído y llevado por mucho tiempo, no es nada fácil, debiera tomarse el camino más simple y menos doloroso parando las ejecuciones. Es claro que no por tiempo indefinido. Frente al «problemun» lo mejor parece ser un Decreto del Poder Ejecutivo.

Y digo Decreto del P. E. porque no creo en los Superministerios y menos aún en los Superministros que definen cuestiones por sí y ante sí (no hago acá juicios sobre las personas), sino que la decisión debe ser cargada al cuerpo.

En ese marco, la propuesta es la suspensión por seis meses de todas las ejecuciones; seguir los estudios que se hacen caso por caso; poniendo más manos a la obra, y empezar, ahora sí y desde ya, con un orden en las ejecuciones empezando por los «contumaces» (con todo el valor que tiene el término), siguiendo por los «contumacitos» y preservando a quienes, efectiva y lealmente, han querido y quieren trabajar, y lo hicieron y hacen cristalinamente frente a la problemática existente, teniendo claro que la problemática no emerge, para estos últimos, sólo de las crisis económicas, sino que a esta altura ni siquiera son dadores de precios en el mercado sino tomadores, por ejemplo frente a los supermercados, como otro de los elementos que juega en contra del pequeño y mediano productor. Sin duda alguna que el supermercadismo ayuda, y mucho, a la concentración de la riqueza chupando la savia vital de quienes objetivamente producen individual y socialmente la riqueza.

No creo que las finanzas del Estado (que es la de todos los uruguayos (as) y no de un Ministerio, sufran por parar las ejecuciones por ese tiempo de los pequeños y medianos productores, sino que ganaríamos mucho comenzando a ejecutar a los deudores históricos además de «contumaces» sin mayor pérdida de tiempo.

La utopía no es algo imposible sino lo que está por hacerse.

Así de sencillo, a pesar de lo dificultoso. *

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