Controversia por las pasteras: por la reanudación del diálogo

Una vez concluida la primera parte del juicio iniciado por Argentina ante el Tribunal de La Haya, los magistrados deberán analizar la documentación y las pruebas presentadas por ambos países litigantes y deliberar para llegar a un fallo definitivo.

De acuerdo con las informaciones provenientes de La Haya y con los análisis de especialistas, aparece como harto improbable que la Corte Internacional haga lugar al reclamo argentino y resuelva la medida cautelar de suspender la construcción de las plantas de celulosa.

Dijimos en nuestro editorial del sábado 10:

«Aparentemente, la medida cautelar exigida por Argentina de suspensión de las obras es de una improponibilidad manifiesta, y resultaría más que sorprendente que el alto tribunal internacional emitiera un fallo favorable haciendo lugar al recurso. Por otra parte, la argumentación del jurista florentino ya mencionado incorpora un elemento formal nada desdeñable y aparentemente terminante para no hacer lugar a la pretensión argentina de que se suspenda la construcción de las plantas. En efecto, el catedrático de la Universidad de Florencia ha planteado que la Corte no tiene potestades para ordenar una medida cautelar; pero incluso si las tuviera, una decisión en ese sentido supondría nada menos que un prejuzgamiento sobre la cuestión de fondo planteada por la Argentina que sostiene la tesis de que se ha violado el Tratado del Río Uruguay».

Todo hace suponer, pues, que la Corte desestimará la petición argentina y las plantas de Botnia y ENCE seguirán construyéndose. Esta es también la percepción que hay en el gobierno argentino, aunque ninguno de sus voceros lo admita públicamente, por supuesto.

¿Cuál ha de ser, entonces, la estrategia a seguir por nuestro gobierno? Los uruguayos somos conscientes de nuestra pequeñez y sabemos, por tanto, que debemos aferrarnos con uñas y dientes a las soluciones pacíficas y evitar por todos los medios todo enfrentamiento que no se dirima ante los tribunales. El apego a las soluciones legales es nuestra arma principal.

No obstante, tampoco sería prudente exhibir una postura de intransigencia en caso de un fallo favorable por parte de la Corte de La Haya; la arrogancia derivada de una posible victoria jurídica sería una pésima actitud. Firmeza en la defensa de nuestros derechos y confianza en la razón que nos asiste. Pero además de esa firmeza y esa confianza, debemos actuar con humildad –humildad bien entendida, por cierto– de modo de mantener esa actitud dialoguista, abierta, bien dispuesta, que el gobierno observó desde el comienzo del conflicto con el país hermano.

Hace pocos días, el presidente electo del Perú, Alan García, emitió una sentencia por demás pertinente: «Si alguien me declara la guerra, yo le declaro la paz». Frente a la prepotencia argentina, frente a la amenaza, frente a condiciones de diálogo inaceptables, la respuesta del gobierno uruguayo ha sido ponderada y amistosa.

Felizmente, en estos últimos días han surgido desde las altas esferas del vecino país mensajes que tienden a recomponer el diálogo que nunca debería haberse frustrado y que la intransigencia argentina obligó a cortar.

Una vez más, la respuesta uruguaya debe inscribirse en ese estilo de mano tendida, de apertura a soluciones pacíficas que contemplen los intereses de ambas naciones. Sin abdicar de nuestros legítimos derechos, sin apearnos ni un ápice de nuestra soberanía, debemos demostrar al mundo –pero sobre todo a Argentina– nuestra disposición a solucionar el diferendo de manera civilizada.

De manera civilizada y amistosa, como corresponde resolver los conflictos que pueden surgir entre hermanos. *

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