Situación económica: saliendo de la crisis
En los últimos años Uruguay sufrió varias crisis. La peor fue la de 2002 porque afectó el ahorro de muchas personas y determinó el cierre de todos los bancos de capital presuntamente nacional.
Allí el ahorro se fue al diablo y la economía se contrajo a niveles pocas veces vistos en el país, dejando a lo largo y ancho de las ciudades largas cadenas de cortinas bajas.
Era el efecto que el mercado interno, en razón de lo ocurrido, se había contraído drásticamente y su corolario más indeseable fue la desocupación y la marginación de cientos de miles de compatriotas, en algunos casos a tal nivel de miseria, que pasaron a sobrevivir en las propias calles.
El tiempo pasó, la economía en alguna medida –especialmente en lo que tiene que ver con las exportaciones porque el absurdo desfasaje cambiario, que había comenzado a producirse luego de la devaluación brasileña, terminó por la razón del artillero–, comenzó a repuntar, la copa de los exportadores comenzó a dejar derramar algunos de sus sobrantes y mejoró en algo la venta en los shopping, de autos 0 kilómetro y otros bienes durables.
Sin embargo, por las deficiencias estructurales de la economía y el sistema adoptado a fines del gobierno de Jorge Batlle, y que sigue actualmente, esos mejores guarismos no sirvieron para que la mejoría que se mostraba en la macroeconomía también se reflejara a nivel micro, el de las familias.
Sin embargo, en el último año hubo otro hecho importante, que fue la puesta en marcha de los Consejos de Salarios, mecanismo para nada nuevo, pero que determinó la posibilidad de negociar entre trabajadores y empresarios nuevos niveles salariales.
En alguna medida el mecanismo sirvió para mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores de la actividad privada, lo que se reflejó de inmediato en la actividad general del país, ya que el mercado interno comenzó a reactivarse a un ritmo aceptable. Todo ello con un techo, dado por el nivel de los incrementos logrados que no fueron concedidos ni con generosidad ni visión de futuro.
Paralelamente el gobierno no optó por una política de incrementos para la administración pública, en la que parecía imprescindible comenzar a revertir injusticias salariales abrumadoras. Se mantuvieron congelados los ingresos, lo que determinó que la reactivación de la economía tuviera márgenes acotados.
Pese a que hubo un pequeño repunte de los depósitos bancarios, es claro que los uruguayos aún tienen temor de volver a colocar sus ahorros en los bancos.
Por otro lado, la tasa de interés en pesos sigue siendo poco atractiva cuando no negativa pese a los bajos niveles de inflación. Esa combinación tasa de interés real-riesgo institucional conspira contra el desarrollo del mercado de capitales.
El tipo de cambio tampoco es una medida de relativa eficacia para el ahorro pues se estima peligroso «refugiarse» en el dólar, una alternativa que sigue perdiendo consistencia, porque al Ministerio de Economía le sirve esta política de achicar el endeudamiento reactivando el valor del peso frente a la divisa norteamericana.
¿Qué puede hacer la gente con sus ahorros? No debe sorprender, entonces, que el mercado inmobiliario aparezca como la alternativa de inversión más segura que ve el ahorrista. El aumento de los precios de los bienes inmobiliarios en Montevideo solo puede explicarse si se ve la propiedad como refugio de ahorro.
Las constantes subas de precios en algunos sectores de la ciudad no están convalidadas por salarios en dólares. Para poder pagar un precio alto en dólares por metro cuadrado construido hay que tener un buen ingreso medido en dólares, y no es el caso de la mayor parte de la población.
Tampoco el crédito hipotecario explica la suba, pues el Banco del ramo vive sus horas más difíciles, a punto de suspender su actividad, en una situación de quiebra técnica, otro elemento que explica los precios en el mercado inmobiliario.
De todos modos, las perspectivas no son desalentadoras y todo hace pensar que el país seguirá por la senda del crecimiento. *
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