Deudores: por una salida con justicia

Retomamos el análisis sobre los deudores –y las soluciones posibles al problema– que habíamos comenzado en la nota aparecida el lunes 5 de mayo.

Una cosa es refinanciar al deudor profesional y empedernido, al aprovechado que vació su patrimonio o gastó el crédito alegremente pensando que no lo pagaría en esta generación que le toca vivir. Otra cosa es el que se empeñó en cumplir y quedó por el camino más allá de su esfuerzo. El que no se fue a pasear a Europa mientras el campo se le venía abajo, ese otro que se remangó y trabajó a tiempo completo contra el clima meteorológico, y contra el clima económico y el político, el que luchó y perdió en el mostrador de la burocracia porque no supo o no pudo dar con el mecanismo que le facilitara la salida.

A ese productor, a ese industrial, a ese comerciante o a ese comprador de su vivienda en el Hipotecario, a ese deudor de buena fe, el país debe ayudarlo, y se estará ayudando a sí mismo. No regalarle nada, ayudarlo. Darle plazo, confianza y la solidaridad de la espera, buscando con seguimiento razonable la mejora de su situación.

Separar al incobrable y al inescrupuloso, de la gente de bien que le fue mal, y en función de sus virtudes de trabajo, darles el trato justo y diferencial que se merecen. Que ni el República ni el Hipotecario pueden regalar nada es verdad, pero tampoco pueden regalar su condición de Bancos de fomento y de ente estatal promotor de la vivienda. Ambos bien cercanos a la gente y sus necesidades.

Busquemos soluciones a quienes viven en los grandes núcleos habitacionales, pensados y construidos para ayudar a la gente de trabajo. Esos que quedan atrapados entre cuotas y gastos comunes, ante la indiferencia del Banco acreedor-administrador, capaz de verificar el estado del edificio, pero extraño a la administración de las cosas esenciales del mismo. Gente que acuerda pagar las cuotas pero que los ejecutan por los gastos comunes porque con todo no pueden. Inflexibles con los débiles, justo allí donde parecer guapo está más cerca del abuso de poder, que del verdadero valor. Hay un deber inexcusable de evitar que terminen en nuevos asentamientos, en los que invertiremos luego para rescatarles del lugar a donde fueron enviados. No pretendemos les regalen nada, solo que les den una nueva oportunidad, cuando se compruebe caso a caso que la merecen. No parece mucho pedir.

Con la producción no se trata de buscar solo la inversión externa, o con las familias dejarlas en la calle para después construir supuestos caminos de salida. Se trata de cuidar a los que se jugaron por el país, por mejorar su vida, su industria o su familia. A esa gente, que es la que consolida la nación y sobre la cual se construyó la salida de la crisis de ayer, es a la que debemos cuidar con todo lo que tengamos al alcance. Son los que ven a los que siguen tan campantes endeudados en decenas de miles de dólares, pero disfrutando de sus bienes a nombre de otro, inalcanzables para el brazo de la acción judicial o tributaria.

Si para actuar hay que insolventarse, si para ejercer funciones de responsabilidad hay que poner los huevos en otra canasta para parecer insolvente, si el que trabaja y no puede pagar en fecha, pierde ante el que no trabaja y esconde. Si la inversión es rentable si se hace dentro de las zonas francas donde las reglas del país son otras, entonces estaremos en gravísimas dificultades.

Busquemos la salida con justicia, mano a mano, con la carpeta a la vista, con funcionarios diferentes a los que dieron el crédito para dotarlo de mayores garantías y menos compromisos. Que frente a frente en la mesa de análisis del Banco, se construya la salida razonable o la explicación documentada de que se ha hecho todo lo posible por evitar cometer una injusticia. Marquemos a fuego en la memoria a los que se acomodaron a último momento después de especular con no pagar por largo tiempo y no nos olvidemos luego.

Pero lo más importante es que en ese trabajoso pero posible caso a caso, busquemos la salida que le permita a este país dormir tranquilo, sabiendo que un uruguayo sigue siendo lo mejor que le puede pasar a otro uruguayo. *

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