¿Qué destino nos aguarda como nación?
La crisis de las papeleras ha dejado subyacente de manifiesto, viejas ambiciones voraces políticas económicas, de sueños futuristas e imperiales o delirios de grandeza, de nuestros vecinos dudosamente llamados «hermanos». Tan es así, que los servicios «inteligentes» brasileños, anotan o reflotan según versiones trascendidas periodísticas, intenciones militares argentinas sobre nuestro país. Cosa que por cierto, no es novedosa. Incluso, en las escuelas militares superiores nuestras, se estudiaron de siempre como tesis defensiva, posibilidades de invasiones de parte de los «vecinetes» y sus modos presuntos de enfrentarlas como correspondan. O sea es común a lo largo de la historia, que todo país poderoso o con ambiciones de futuro en función de potencialidades militares, dimensiones poblacionales, intereses geopolíticos, conquistas de riquezas extras, etcétera, tengan aspiraciones de conquistar grandezas. Obviamente se comienza por la más fácil, que es «vichar» en los alrededores del «barrio». Y cuanto más chicos o débiles son los inmediatos, más riesgos naturalmente se corren. Los argentinos jamás lo ocultaron si tenemos memoria. Lloran por las Malvinas que se las quedaron los ingleses malamente. Y tienen razón. Pero ellos hicieron lo mismo con la Isla Martín García arrancada a sangre y fuego al Uruguay y hoy se hacen los distraídos. No olvidar cuando nos «abandonaron» por conveniencias a los portugos en la Cisplatina o en las luchas diplomáticas sobre la soberanía del Río de la Plata. Exigían la «costa seca» para el Uruguay. Tuvo que venir Perón, que con grandeza admitió la barbaridad y solucionó el problema, terminando la disputa que por momentos se amenazó militarmente.
¡De haber prosperado esa expectativa totalitaria, hubiésemos tenido que pedirle permiso a Kirchner para zambullirnos en Pocitos! Son los peligros que corren los estados «tapones». Lo que le pasa a la nación vasca, -a riesgo que se piense que soy reiterativo-, enclavados entre dos «monstruos», Francia y España. Después de miles de años de «recreo» libertario soberano, bastó que se pusieran de acuerdo galos e íberos para que los arrasaran a sangre y fuego. Con dignidad y coraje siguen luchando hace casi 400 años, pero en la realidad hasta hoy han «marchado».
Y nosotros corremos a la larga, el mismo riesgo. El día que se pongan de acuerdo en un «corte» transversal o longitudinal porteños y cambás, podemos quedarnos sin «paisito». ¡Cuántas naciones han desaparecido a través de los siglos, mucho más poderosas y viejas que el Uruguay, y ni se tiene memoria de ellas! A mayor abundancia, el Brasil dentro de 50 años andará alrededor de los 400 millones de población. ¿Cómo les darán de comer a tantos «negritos» si no pueden tocar la Amazonia por ser el segundo pulmón del mundo con Africa, en producción de oxígeno? Lo razonable es que miren para abajo hasta el Plata, en un territorio agropecuariamente fértil y con los mejores puertos del sur del Continente. Lo mismo los argentinos. Que, aunque ni ellos mismos con lo que ya tienen, saben «gobernarse», igual su «corazoncito» lo tienen, como lo denuncian los brasileños. ¡Siempre el Uruguay ha sido una «frutilla» tentadora indisimulable! Otro ejemplo es el Mercosur, del que fuimos en buena medida «padres de la criatura». Resuelven entre los grandes y a los chiquitos, Uruguay y Paraguay ni el «apunte» nos llevan. Se reunieron Lula, Kirchner, Evo Morales y Chávez recientemente y a Vázquez y al paraguayo no les avisaron ni por teléfono. Supongo que se enteraron por la prensa. Mayor desprecio imposible. Alega en un original como acertado artículo el senador Fernández Huidobro, que la izquierda sudamericana se divide absurdamente en dos bloques. Venezuela, Cuba y Bolivia por un lado contra Lula, Kirchner y la chilena Bachelet por el otro. Y agrego yo, nosotros y Paraguay quedamos como Adán, sin la «parra ni la manzana» abrazándonos a los yanquis por carecer de otro medio protector a la «vista». ¡Cielos! ¡Qué horror! El ALCA, porque el Mercosur no nos sirve para un carajo, y además está prácticamente en el CTI, y «papito» Bush, que viéndolo sardónicamente darle la mano a Tabaré, (no era tan malo, al fin de cuentas…) los que, si pensamos bien, salvan la izquierda oriental (incluido el senador Fernández Huidobro…) y al Uruguay entero. ¡Cosas de Sancho! Espero que en un futuro cercando el Lendakari Ibarretche independice Euskadi, para poder irme envuelto en una Ikurriña y una foto del vasco Oribe, a tomar mate en algún pico pirenaico.
Recordando nostálgico a nuestro «paisito» Uruguay, convertido en una estrella más en la bandera imperial. ¡Agur! *
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