Por la proyectada reforma de la Seguridad Social

La ciudadanía tiene presente los compromisos asumidos por Presidente de la República y por el programa de gobierno del partido triunfante en las pasadas elecciones, compromisos que incluyen una reforma al sistema de seguridad social. Estas se hacen necesarias como consecuencia de las reiteradas medidas impulsadas y condicionadas por organismos crediticios foráneos, que dieron como resultado el deterioro progresivo de un sistema de protección a la sociedad, estimulando la pobreza y promoviendo el lucro desmesurado de capitales que inventaron el sueño de las dos jubilaciones, para el día que el trabajador llegara a efectivizar su retiro de la actividad. La creación del sistema privado de jubilaciones y pensiones fue la evidencia más notable de inoperancia y de lucro donde se llegó hasta el acomodo personal y, hoy, los viejos partidos generadores de ese acomodo permanente se resisten a reconocer que la gente, en su gran mayoría, votó por un cambio y que el nuevo gobierno tiene todo el derecho del mundo a remover de sus lugares estratégicos de poder a aquellos que por muchos años se sintieron dueños vitalicios de los lugares a los que accedieron porque compartían otras orientaciones filosóficas y políticas.

Creemos que el 1° de marzo de 2005 era el día indicado para que quienes, sabiendo que no son indispensables nada más que para los mandamientos de su partido, en un gesto de grandeza y dignidad le hubieran allanado el camino al Presidente y hubieran puesto el cargo a su disposición. Pero poco o nada de ello ocurrió y aquí viene el asunto que tiene que ver con el tema de la seguridad social. República AFAP S.A. es uno de esos organismos financieros creados como condición para que votaran la reforma del sistema previsional algunos sectores que se resistían y que alegaban que era necesaria la presencia de un organismo propiedad del Estado para no hacer tan burda la concesión del lucro a capitales privados y extranjeros, y a regañadientes, algunos «halcones» del dinero aceptaron la condición.

Estaba cantado que el inicio del sistema iba a ser peleado porque el mercado incipiente daba para que dentro de la afiliación masiva, varias entidades trataran de ubicarse dentro del nuevo sistema. Igual, no había nada para perder, suculentas comisiones, administrar dinero ajeno y en el caso de República AFAP S.A., acomodo político. Pero la experiencia chilena y argentina nos hacía saber que más allá de la infamia de un sistema que dejaría fuera de cobertura en forma creciente cada día a mayor cantidad de gente, porque la desocupación y los sueldos casi simbólicos, allá y acá, termina al tiempo con el floreciente mercado de afiliaciones y llega el momento en que no hay para todos. Así quedaron la mitad de las AFAP. En Argentina, en Chile y en Uruguay. Al llegar este gobierno se encuentra con que las administraciones anteriores diseñaron un sistema en República AFAP S.A. donde no se puede cambiar el directorio porque su estatuto, regido por el derecho privado, no se lo permite y desde luego que aquí no afloró la grandeza que mencionábamos anteriormente de que los cargos confiados por gobiernos anteriores debieran ponerse a disposición. Es que paralelamente se descubrió algo de lo mucho que los trabajadores ignoran sobre el destino de sus aportes y comisiones en el sistema privado. República AFAP S.A. pagaba sueldos de novela, en algunos casos mayores al que percibe el Presidente de la República y aquí entendemos por qué, en el caso de sus directores, ninguno se quiere ir. Al ex presidente, Juan Berchesi, hubo que pedirle el cargo y renunció. Sabía que los estatutos de la empresa prevén que se puede cambiar un director al año y era el más indicado a ser sustituido. A la Ec. María Dolores Benavente Scartaccini, quien ha hecho público su deseo de echar a la calle 100.000 funcionarios públicos y que, paradójicamente integraba el directorio de República AFAP S.A. siendo asesora a la vez de la Cámara de Industrias y Servicios del Uruguay, también se le había pedido la renuncia en junio de 2005, pero no quiso irse hasta marzo de este año. Al director Felipe Carlos de Haedo Harley, blanco herrerista él, el Banco de Previsión Social le pidió cuatro veces la renuncia y le manifestó que ya no es representante del organismo previsional, sin embargo no se quiere ir. Lo entendemos, cinco mil dólares por mes no se ganan poniendo un kiosquito en el jardín y difícilmente, el Herrerismo lograría hoy para De Haedo un cargo similar. Hace unos días, De Haedo organizó para un grupúsculo de personas de conocida filiación lacallista, una especie de charla justificativa de su gestión, es decir, hizo público algunos aspectos financieros de República AFAP S.A. Nos parece que la nueva instancia de los Consejos de Salarios puede poner las cosas en su lugar, pues esta es una buena oportunidad para denunciar a quienes gritan por un lado y están poniendo el huevo en otro. Si las AFAP y en este caso República AFAP S.A. no tienen un representante de los trabajadores ni de quienes se jubilan, menos pueden tener a un director que es fruto de una coalición política que el pueblo rechazó 17 meses atrás.

Esta es una muestra de algunas de las cosas que pasan con las jubilaciones y pensiones de los uruguayos. De las actuales y de las futuras, pero que esto sirva también para análisis de quienes siguen sosteniendo que las AFAP son las salvación del país. *

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