Estoy totalmente convencido de que algún dÃa la justicia prevalecerá y la verdad de lo que sucedió quedará totalmente esclarecida para todos”.
El texto entrecomillado que antecede no fue emitido por algún dirigente de la izquierda radical ni por familiares de detenidos-desaparecidos durante la dictadura; tampoco por sobrevivientes de los horrores del “Infierno grande”, “300 Carlos”, “La Casona”, Orletti o Pozo Banfield.
La cita está tomada de la carta enviada por un recluso barbado, canoso y flaco que, como la mayorÃa de los delincuentes, clama por su inocencia. Pero no se trata de uno de esos tantos que pueblan las cárceles uruguayas; no está recluido en un establecimiento penitenciario de nuestro paÃs y no es un marginal que protagonizó una rapiña; está en una prisión federal de Miami, Florida, EEUU, donde aguarda la decisión judicial de un tribunal de aquel paÃs sobre el pedido de extradición cursado por la Justicia uruguaya. Se trata de Juan Peirano Basso, hasta hace poco prófugo de la Justicia, y hermano de Dante, Jorge y José, procesados en Uruguay por asociación para delinquir, estafa, apropiación indebida, e insolvencia societaria fraudulenta.
Ninguno de los miembros del clan Peirano –ni don Jorge Peirano Faccio (fallecido en prisión) ni sus hijos– cometió una rapiña, ni un copamiento, ni un arrebato; desde ese punto de vista, tienen las manos limpias de sangre, el alma libre de pecados y su conciencia en paz.
Sin embargo, el botÃn tan pulcramente obtenido es infinitamente superior al producto de miles de rapiñas, hurtos, arrebatos, pungas, escruches u otros delitos tan de moda por estos dÃas y que tanta alarma han generado entre la población que reclama –con razón– mayor seguridad.
Coincidentemente con la nota del diario argentino La Nación, donde se transcribe la misiva del ex prófugo de la Justicia uruguaya, los hermanos Peirano procesados en Uruguay han hecho pública, a su vez, otra carta en la que responsabilizan directamente al presidente de la República por la “injusta prisión” que sufren desde hace cuatro años.
Se quejan de que en su caso no ha habido acusación fiscal formal ni sentencia judicial. El problema de la lentitud de nuestro proceso penal viene de larga data y tonto serÃa negar que es algo que debe revisarse y corregirse de una buena vez. En eso no caben dos opiniones. Pero no deja de resultar casi grotesco que estos delincuentes contumaces, que embaucaron a miles de incautos ahorristas, que no tuvieron empacho en alzarse con ahorros ajenos, que pertenecen a un grupo con profusos antecedentes en delitos financieros y que son corresponsables de la crisis bancaria de 2002, se rasguen ahora las vestiduras y pretendan mostrarse como vÃctimas inocentes.
Acusan a las autoridades de prejuzgar respecto de su culpabilidad, y al doctor Vázquez de ejercer presión sobre la Justicia. Nada dicen, no obstante, de la unanimidad de criterios verificada entre los magistrados judiciales de distintos niveles, que no han hecho lugar a la libertad provisional pedida por sus abogados; al respecto, vale recordar que recientemente fue la propia Suprema Corte de Justicia quien denegó la última solicitud en ese sentido. ¿Tanto es el poder del doctor Vázquez como para presionar e influir en la decisión de los cinco ministros del máximo órgano jurisdiccional?
Los Peirano no son los únicos responsables de la debacle financiera de 2002; pero no cabe duda alguna que cometieron varios delitos, que estafaron a sus clientes y que el Banco de Montevideo fue vaciado.
Tal vez estaban acostumbrados a practicar esas maniobras financieras y contables y se creÃan inmunes e impunes. Tal es lo que se desprende de esta carta pública improcedente que no hará más que reavivar la condigna indignación de la sociedad. *
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