Solución justa para deudores

Escrito por: ALBERTO SCAVARELLI

Lunes 05 de junio de 2006 | 8:55
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El gobierno se debate hoy sobre el agobiante tema del sobreendeudamiento.

Hemos sostenido siempre que el tema no es la deuda, sino la modificación de las circunstancias que tornan imposible cumplir con las obligaciones asumidas. Por eso no se trata de deudores, se trata de sobreendeudados respecto a su capacidad de pagar.

Por la aplicación de este principio, centenares de uruguayos han perdido o están a punto de perder sus bienes, sus únicas viviendas, sus maquinarias industriales, producto de deudas impagables que luego terminan en manos de adquirentes en remates, muchas veces a precio de vergüenza.

El país superó aquella etapa terrible que explotó en el 2002 desde el oeste. La gente superó la alteración de las reglas básicas de la previsión y finalmente se enfiló en la rehabilitación de sus vidas como pudo después de la debacle.

Se abrieron oportunidades, se buscaron refinanciaciones, se promovió a voz en cuello la suspensión de las ejecuciones judiciales, hasta que llegaron las elecciones nacionales y el gobierno cambió de signo. Los que ayer, algunos muy importantes hoy, clamaban por la suspensión de ejecuciones hoy tienen instrucciones expresas de sus coordinadores políticos, de no dejar espacio alguno para ningún mecanismo que signifique dejar de cumplir con los procesos de ejecución judicial de aquellas deudas contraídas.

Pasado el tiempo, y después de tantas vueltas en el trapecio de la vida política por la oposición de ayer hoy tornada oficialismo y viceversa, quedan aún bolsones de deudores que no han podido recuperarse del todo como para cumplir con sus deudas. Para eso desde la legislatura pasada propiciamos el caso a caso y la solución administrativa, para evitar las injusticias. No nos gustan las justicias masivas y al barrer, salvo situaciones muy excepcionales que de justas poco tienen, sino que son ni más ni menos, soluciones de salida en tantos temas graves en la vida de una nación.

Para ser realmente justos hay que actuar en el caso a caso, pero es verdad que para eso se requiere siempre coordinación y sudar la camiseta de fogoneo ante las entidades acreedoras, en este caso el Banco República, el de todos nosotros, que debe también cuidar su giro bancario porque milagros no es posible exigir ni antes ni hoy, aunque muchos de los profetas de ayer se tornaran hoy en no creyentes o descreídos oficialistas de la hora.

Todo indica que la administración y los deudores hoy pendientes, no han hecho todo lo posible, y en algún casos seguramente estaremos asistiendo a ejecuciones judiciales y remates de campos, industrias y comercios de larga tradición de trabajo familiar. Bienes que serán sacados a remate para que se los lleve en propiedad algún oportunista de turno con liquidez suficiente.

Cada vez que se remata un bien para cobrase una deuda que pudo ser cumplida con un poco de comprensión y plazo, hay un fracaso profundo del sistema. Por eso el caso a caso es esencial. Por eso -y están allí las versiones de Cámara como testigos- propusimos que las decenas de empleados bancarios que quedaron en la bolsa viviendo del seguro de paro especial, fueran convocados a trabajar en la búsqueda de salidas posibles, construidas profesional y humanamente mano a mano con los deudores de a uno.

Quizá con plazos razonables y canastas de precios agropecuarios, en un tiempo de bonanza de los precios del sector, pudieran encontrarse los caminos y evitar a todos tantos sufrimientos inútiles.

En próxima nota continuaremos abordando el tema. *

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