Hacia dónde va el Uruguay
Doreen Javier Ibarra
Necesariamente un dirigente político y en este caso legislador que representa a un sector mayoritario de la ciudadanía, tiene que se optimista, para sobrellevar los distintos avatares que día a día se presentan en las discusiones políticas, parlamentarias, como en las decisiones que se deben adoptar.
He vivido crisis muy importantes de la Nación, como el crac bancario de principio de la década del sesenta, cuando tuve el honor de integrar la dirección de AEBU; instancias de quiebre de la institucionalidad que se diera en nuestro Uruguay, a principios de los setenta, con el criminal golpe de Estado de militares y civiles que se sentían que eran mesiánicos; he vivido con ansiedad y anhelo positivo, la recuperación de la democracia y la reanudación del estado de derecho, que permitió al pueblo oriental comenzar, nuevamente, a transitar los caminos de la democracia, el respeto a los Derechos Humanos y la tolerancia entre los distintos partidos políticos.
Esa rica experiencia, que el pueblo me dio oportunidad de acumular, me permite con la mayor objetividad posible analizar qué pasa con nuestro Uruguay y hacia dónde vamos.
Estoy convencido de que aún no es tarde, de que podemos cambiar. Si bien la ciudadanía no favoreció con la mayoría de votos al Encuentro Progresista-Frente Amplio, en noviembre de 1999, es absolutamente imprescindible que se produzca una reacción colectiva y democrática de la gente, para exigir que rápidamente el país emerja de la crisis y recesión en que vivimos y que se está prolongando demasiado.
Hoy más que nunca «depende de nosotros mismos» alcanzar el bienestar para nuestros compatriotas.
No nos equivocábamos cuando en la campaña electoral, en cada rincón de la República, augurábamos días nefastos, si proseguía gobernando la coalición blanqui-colorada. Lamentablemente esto se está confirmando.
Los índices económicos no pueden ser más negativos, más allá de las incidencias económicas que nos afectan por lo que pasa en la región y el mundo. Ha existido una falta de previsión absoluta por parte de la coalición de gobierno. Cuando tuvimos oportunidad de aprovechar coyunturas favorables, no se utilizaron para mejorar la producción, para hacerla más competitiva, para atender los reclamos de la industria y el comercio y con ello asegurar las fuentes de trabajo, por las que hoy claman miles y miles de uruguayos.
El doctor Julio María Sanguinetti y su equipo económico nos han legado un déficit fiscal que será muy difícil de absorber en el corto plazo. La deuda externa supera los 13.000 millones de dólares, entre pública y privada, originando pagos de intereses y amortizaciones que rondan los 1.330 millones de dólares anuales.
El subdirector de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto anuncia, en su bancada del Partido Nacional, que en noviembre llegaremos a una desocupación del 16% de la Población Económicamente Activa. Nuestros queridos jóvenes se nos van, se prevé que en este año 2000 más de 70.000 compatriotas nos abandonarán, buscando trabajo y un mínimo de bienestar.
Durante el gobierno del doctor Sanguinetti 260.000 uruguayos se fueron del país.
Estas cifras demuestran con precisión la angustia y desesperación de uruguayos que tienen que abandonar el país, a sus familias y a sus amigos.
Los últimos anuncios del equipo económico del doctor Jorge Batlle, referidos a la consideración de la primera ley del país, que es el Presupuesto Quinquenal 2000-2004, no dejan dudas de que tienen la intención de continuar oprimiendo, severamente, a los sectores más golpeados por la política neoliberal.
El Plan de Inversiones que se anuncia, para el quinquenio, es realmente restrictivo, siendo incluso menor que el del quinquenio anterior en 700 millones de dólares. No se cumple con el programa de disminución del Impuesto a los Sueldos, sobre todo, de la sobretasa que se aprobara con el ajuste fiscal del gobierno anterior. A pesar de las promesas, la eliminación de impuestos pasa, únicamente, por la anulación del que corresponde a la compra de moneda extranjera. Los aumentos de salarios a los docentes y funcionarios públicos tampoco se tendrían en cuenta hasta después del año 2001.
Vuelvo a repetir la conceptual frase del Padre Artigas: «Nada tenemos que esperar sino de nosotros mismos, por lo tanto, es preciso que nuestros esfuerzos sean vigorosos…». A partir de esa premisa tendremos que actuar, con propuestas, con ingenio, pero íntimamente ligados al conjunto de la sociedad. En eso estamos.
* Diputado del Fidel-EP-FA
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