Crisis energética y empresas públicas

La crisis energética que vive el país, producto de las reiteradas imprevisiones de los distintos gobiernos que desde hace años no han impulsado inversiones en el sector de la generación, era de concreción indefectible. Tarde o temprano el clima que los meteorólogos califican como bastante imprevisible de esta región del planeta, al que se suma el fenómeno de «El Niño», hace que en la cuenca del río Uruguay llueva menos que antes y, por lo tanto, determina que el Uruguay comience a vivir una situación de restricciones energéticas que, lamentablemente, no se han solucionado por años de insoportable desidia.

Otro de los hechos que sirvieron para jugar a favor de la liviandad irresponsable de los distintos gobiernos y de los distintos directorios de los entes energéticos, como UTE, fueron las interconexiones con Argentina y Brasil, con las que iban supliendo las carencias energéticas producto de una producción insuficiente para la creciente demanda nacional.

Pero, a la vuelta del tiempo, los hechos se precipitaron. La falta de lluvias en las cuencas de los ríos Uruguay y Negro, impide que las represas hidroeléctricas allí existentes produzcan a niveles estables las cantidades normales de energía necesaria.

Es bueno, a esta altura, realizar un ejercicio de memoria y pensar desde cuándo se está hablando a nivel de los gobiernos y del directorio de UTE de la central de Casablanca en Paysandú, de la de «ciclo combinado», que se levantaría en el departamento de San José, de los parques «eólicos» en Maldonado, Rocha, etc., de las bondades o desventajas de centrales nucleares, y de mil planes energéticos más.

Litros de saliva utilizados en palabras y más palabras. Lo único hecho en los últimos años fue la central de La Tablada, primero, la que funcionaría a leña y luego transformada para combustibles líquidos, los más caros del mundo. Claro, al parecer, también en la zona de San José se están por poner en funcionamiento dos máquinas generadoras que, por supuesto, servirán para paliar en algo el déficit pero que de ninguna manera son una solución definitiva para el país.

Si UTE de ahora en adelante se pusiera a buscar soluciones, podría identificar lugares donde levantar parques eólicos, que son el método por ahora más conveniente de producción energética, recurriendo –si no está en condiciones de hacerlo por sí sola– a inversiones privadas que, si el reintegro es redituable, quizás podrían estar interesadas en este trabajo que es urgente, impostergable y absolutamente necesario para el futuro del país.

No manejamos los costos de cada molino eólico, pero seguramente el costo diario de combustible que paga UTE debe igualar o superar el mismo, por lo cual es bien posible comenzar una obra que es probadamente exitosa en todo el mundo.

En definitiva, lo que parece estar en juego en esta crisis es la eficacia de ciertas empresas públicas que vienen arrastrando desde hace varios decenios la desidia de jerarcas ineptos y vicios de funcionamiento que será muy difícil erradicar. Porque si ese sistema no ha servido para favorecer a los uruguayos con tarifas acordes a sus posibilidades, si durante una crisis, en lugar asumir sus consecuencias, las empresas estatales trasladan a los consumidores el costo de los precios acrecentados por la imprevisión de años, es hora de plantearse muy seriamente cambios profundos que, sin afectar a los funcionarios y sin cuestionar la pertinencia de las empresas públicas y su significación en lo que tiene que ver con el patrimonio y la soberanía, las tornen más eficientes y menos onerosas.

No tiene ningún sentido que en un país existan enclaves burocráticos gigantescos que, para solucionar sus deficiencias presupuestales, recurran siempre al castigo de los usuarios, quienes en teoría, somos los propietarios de todas ellas. *

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