El carnaval en Viena

Lentamente las Ideas comienzan a sustituir la Imagen de Evangelina «Reina del Carnaval de Gualeguaychú» cual Lilith, pancarta en mano conteniendo palabras que aluden a la «no contaminación» firmado por Greenpeace, diestra la muchacha en su ciencia de contemplar cada detalle sin importancia y al decir detalle me refiero a los primeros mandatarios de Europa y del Mercosur convertidos en sujetos-objetos, reunidos en la Cumbre de Viena 2006… y ninguna reacción por debajo del éxtasis.

De hecho es el teatro en su totalidad el que funcionó allí, precedido como en un efecto de sueño rigurosamente calculado en el que la danza de Evangelina «Lilith», cual cortejo titubeante, enmarcó su «Jardín de las Delicias» entre una historiola y una ópera burlesca deliberada, en nombre de ¿Greenpeace?, ¿Carne de exportación?, ¿Ecología Made in Heaven?… Todo lo expuesto da lugar a otro acto; la «puesta en escena» de la reflexión que deviene en la falta de necesidad de un sentido. Todo fue un estímulo para que cualquier interpretación no sea necesaria o se preste a un sinfín de interpretaciones cual axiomas.

No admito hoy, aquí, ya la evidencia de la presencia de Evangelina como instancia real y espontánea en La Cumbre de Viena, sin anteriormente haber sido pautada las transgresiones de este tipo que no son novedosas, sino originales serializados que actúan como puntos de inflexión de un sistema que no necesita tener o suponer una versión original de que esta «metáfora» medioambiental, sería una génesis caótica de discontinuidad en el accionar del Sistema que se viene soldando hace unos años, que reacomoda los roles en una ficción que puede parecer verdad y no da lugar para ninguna comprobación cierta, donde todo lo que deba ser hecho será hecho… en una inversión de causalidad.

Lo que impugno en mi calidad de filósofo, ambientalista idóneo y poeta es, pues, el tipo de relacionamiento pervertido que proponen los gobernantes de turno, quienes esgrimiendo discursos reduccionistas, a destiempo, en nombre del entendimiento y la convivencia, sacrifiquen ganancias en pro o en contra del denominado Medio Natural.

Por otro lado se lleva a cabo una campaña de mistificación de la lucha en favor del medio ambiente, considerada como defensa de la Naturaleza en que todos, desde el indigente hasta los presidentes, se alzan «solidarios» contra los riesgos generados por un emprendimiento indefinido, difuso y neutro en lo que hace a su concreción y puesta en marcha, pues en verdad la instancia planteada por la instalación de las Plantas de Celulosa, no tengo dudas, durará un largo tiempo en ser develada en toda su evidencia, pues, ¿quién puede apostar a favor de «los abusos del ser humano» en ejercicio del poder? Llegó el tiempo de convencerse de que materialismo sin estoicismo no es más que la ruina de lo que denominamos vida.

Para una situación como la planteada se preparan los grupos monopolistas del Hemisferio Norte a conquistar la producción y venta del aire descontaminado, del agua potable (tan reducida en el mundo), de los minerales recirculados (en otros ecosistemas de la región), del medio ambiente protegido. Gracias a lo cual se podrá inducir un nuevo ciclo acumulativo basado en la capitalización de la Naturaleza misma, en el acaparamiento, por el capital, de todos los factores y condiciones que hacen posible la vida en la Tierra.

Entonces, se habrá cerrado el circuito, la ley de la ganancia a cualquier costo habrá invadido los últimos reductos de los Ecosistemas de la Naturaleza: hasta el aire se habrá convertido en mercancía.

En este inicio del tercer milenio hay que comprender que desarrollar, inventar, pensar, intuir, sobrevivir, vivir, girar en 180º y morir, están ligados indisolublemente y de ese modo hacer frente al poder de los que intentan hoy satisfacoriamente enfrentar a la Banda Oriental y la Occidental del río Uruguay, dominar el dominio sobre la Naturaleza (hoy en alza en el mercado de valores cotizando en alza) y no ya a ésta.

Despertar la conciencia de nuestros pueblos, con un objetivo común para Argentina y Uruguay: la felicidad del ser humano, la calidad de la vida, liberarnos de las consecuencias de una tecnología desenfrenada, hacerles comprender cabalmente a quienes pretenden gobernarnos nuestras ugencias y reclamos sumado al esfuerzo y renuncias a que deben someterse, sin la esclavitud de un límite, sin la urgencia de una ruptura y sin la violencia diferida en acciones simuladas, de Fundaciones al servicio de intereses particulares.

El problema ecológico nos obliga entonces, a encarar la reestructuración de la sociedad humana como expresión del derecho a la vida: único valor absoluto. *

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