Prioridades de la política educativa
En todos los órdenes de la vida fijamos prioridades. Ello implica que en las opciones que hacemos dedicamos mayor tiempo y mayor cantidad de recursos humanos y materiales.
A vía de ejemplo: en las décadas del 40 y del 50 la educación tuvo como prioridad el medio rural. La conciencia de pasar de formas de producción extensiva a otras más intensivas, de revalorizar a la familia rural, de obtener mejores condiciones de vida y de promoción del ser humano que en importante porcentaje residían en el campo (buena parte del mismo en condiciones infrahumanas como los rancheríos rurales) impulsaron a esta opción.
Acciones de la Educación como el Programa para Escuelas Rurales de 1949, el Congreso de Maestros Rurales, las Escuelas Granjas, las Misiones Socio-Pedagógicas, la experiencia de la Mina, tuvieron el correlato en otras áreas, tal el caso de la ley de creación del Instituto Nacional de Colonización.
Hoy la prioridad educativa es distinta, y ello es así porque el país y la sociedad uruguaya se han transformado sustantivamente. Hoy la prioridad está en los niños en situación de pobreza y de marginación.
Al asumir la gestión el actual gobierno progresista nos encontramos con una sociedad en crisis: un millón de pobres, trescientos mil de los cuales están en situación de indigencia, la inmensa mayoría de los mismos en las zonas periféricas urbanas.
La característica de alta prolificidad en este medio aumenta considerable y gravemente la cantidad de niños en situación de pobreza: la mitad de nuestros niños así viven. Ello golpea nuestra dignidad como ser humano y cuestiona el futuro de la sociedad uruguaya. Ellos son nuestra prioridad educativa.
La educación en estas áreas carenciadas deben formar parte de una política integral, la que debe ir acompañada de políticas sociales inclusivas en materia de salud, vivienda, alimentación y trabajo, donde sin dejar de realizar atención asistencial, la promoción del ser humano debe ser lo medular. Y ello sólo puede llegar a buen término si va acompañado de la generación de empleo y de la justa distribución de los recursos que generen las políticas productivas.
Todo esto sólo se puede lograr si la sociedad uruguaya, su gobierno y los docentes asumimos el compromiso que nos corresponde. En eso estamos embarcados.
La característica de las zonas marginadas de fractura social, de desintegración familiar, de atomización y de la falta de la amalgama que caracteriza a una comunidad actúa como brutal contrapeso a las acciones a emprender. La falta de afectos y el individualismo, generan agresividad y falta de proyectos colectivos.
Esto se agrava con la segunda y tercera generaciones en los asentamientos precarios, lo cual es acelerado con el embarazo adolescente.
Esta realidad, que no es la que queremos se constituye en el gran reto al cual nos enfrentamos.
La propuesta educativa para esta prioridad que tendremos durante una o dos décadas implica destinarle mayores recursos materiales (edificación, material didáctico, alimentación, etc..). Implica destinar mayores recursos humanos, perfeccionamiento del docente, menor número de alumnos por grupos y estímulo al docente.
Atender al niño desde la más temprana edad, cuando la acción educativa formal puede lograr mayores resultados se torna en trascendental.
Incrementar el tiempo en que la escuela actué sobre la vida del niño, compitiendo con otros agentes que en el medio marginal actúan negativamente, es fundamental. *
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