Darle esperanza a la gente

León Lev

El estado de ánimo de la sociedad está muy bajo. Como dirían los meteorólogos la sensación térmica está bajo cero. Pero lo más preocupante es que el discurso oficial anuncia que vamos para peor.

Si hoy la desocupación está cerca del 14%, se anticipa que puede llegar al 16%.

Se eleva la apuesta para asustar a la gente y desanimarla en cuanto a reivindicar sus derechos.

Simultáneamente asistimos a una ofensiva de los sectores neoliberales, que para salir de la crisis, aconsejan poner el pie en el acelerador.

Nos hace acordar al famoso «Estábamos al pie del precipicio y dimos un paso adelante». ¿Lo recuerdan? «Así nos fue luego de la década sombría».

En lugar de un plan de reactivación de la economía y de reajuste del sistema impositivo de manera de aliviar la carga de los sectores más afectados, más prebendas para el gran capital en detrimento del trabajo y la producción.

Los recientes aumentos de los combustibles expresan que el énfasis está puesto en el aspecto fiscal y no en el productivo.

El costo del petróleo representa un 36% del precio al público del combustible, mientras que el Estado a través de impuestos y traspasos a Rentas Generales se lleva un 36%.

Hablando en buen romance, con el pretexto del petróleo el gobierno transfirió U$S 100 millones de la Empresa Ancap a las arcas fiscales, en sólo un año.

Por eso al Encuentro Progresista-Frente Amplio propone implantar rebajas de tarifas de energía eléctrica y combustibles para la producción.

En cuanto al impuesto a los sueldos el equipo económico no piensa modificar ni atenuar el carácter confiscatorio del gravamen.

El próximo debate del presupuesto general de gastos e ingresos pondrá a prueba las visiones en pugna.

En este cuadro quisiera traer a colación un interesante artículo del ex primer ministro de Planeamiento y ex ministro de Cultura de Brasil, Celso Furtado, sobre Brasil y sus opciones futuras, pero que ayuda a visualizar nuestros propios desafíos.

Transcribo parte de las reflexiones del intelectual:

«La globalización opera en beneficio de los que están a la vanguardia tecnológica y explotan los desniveles de desarrollo entre países. Este hecho nos lleva a concluir que los países con gran potencial de recursos naturales y acentuadas disparidades sociales –Brasil– son los que más han de sufrir con la globalización, porque corren el riesgo de disgregarse o desplazarse hacia regímenes autoritarios de tipo fascista como respuesta a las crecientes tensiones sociales. Para escapar a esta disyuntiva hay que volver a la idea del proyecto nacional, recuperando para el mercado interno el centro dinámico de la economía. La mayor dificultad estriba en revertir el proceso de concentración del ingreso, lo que sólo podrá hacerse mediante una gran movilización social».

Cualquiera comprende las diferencias de tamaño y de realidad social entre Brasil y Uruguay, pero del análisis surgen tareas comunes.

En primer lugar emerge la gran tarea de profundizar la democracia atenuando las diferencias sociales.

Construir un proyecto nacional, donde el mercado interno también juegue un papel activo.

Si seguimos deprimiendo los ingresos de los sectores populares obviamente la recesión seguirá agravándose.

Pero además lo más importante del mensaje de Celso Furtado es la convocatoria a la movilización social.

La quietud y la desesperanza son veneno para construir un proyecto nacional viable, que modifique el actual estado de malaria.

Educar a las nuevas generaciones para enfrentar grandes desafíos, preservar la herencia histórica de unidad nacional, en torno a los mejores valores de la sociedad uruguaya y simultáneamente construir una sociedad democrática abierta a las relaciones externas. Lo que se ha dado en llamar un regionalismo abierto.

Un problema clave en el actual estado de ánimo social es el desempleo.

Aquí se contraponen dos visiones. Por un lado quienes apuestan a San Mercado, con su consiguiente costo social y hasta con la justificación increíble de la emigración social, como una válvula de escape, una suerte de maltusianismo.

Por otro lado quienes creemos que en la conjunción del Estado y del sector privado, estriban las posibles salidas, sin traumas ni confrontaciones.

Tanto empleo y producción, como la educación, son los sectores prioritarios.

En un reciente trabajo del contador Barrenechea sobre las tasas de interés, publicado en El País, se afirma que las tasas de interés de nuestro país comparadas con las de Argentina y Brasil, para empresas de pequeño o mediano porte, o vinculadas al consumo, se ubican en el orden superior de 10 puntos porcentuales al año, lo cual muestra la importancia relativa de las mismas.

Por ello proponemos una reducción selectiva de la tasa activa de interés que cobre el Banco República, y arrastre al sector privado, en una competencia sana.

También la prohibición de otorgar crédito bancario para el financiamiento de importaciones de bienes de consumo, competitivos con los fabricados por la industria nacional.

Aquí están algunas claves de la propuesta de emergencia social y productiva de las fuerzas progresistas.

En lugar del shock neoliberal que impulsan los representantes del privilegiado sector financiero transnacional de privatizar todas las empresas públicas, del cual la venta de Ancel es la punta del iceberg, apostar a la reactivación productiva que permita atender el desempleo, crear 40.000 puestos de trabajo a lo largo del período inmediato, fortalecer la inversión, evitar la emigración del campo a la ciudad y medidas redistributivas de emergencia.

Sólo así contribuiremos a levantar la esperanza de la gente y al fortalecimiento de la estabilidad democrática.

 

* Dirigente de Alianza Progresista

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje