El fortalecimiento del Mercosur
Se conmemora hoy un nuevo aniversario –el 195– del primer triunfo militar oriental en la guerra de independencia.
El capitán de Blandengues José Artigas se había puesto al servicio de la Junta de Mayo y ésta lo había designado jefe de las fuerzas revolucionarias de la Banda Oriental para combatir la resistencia española en estos territorios. La derrota de las tropas realistas en Las Piedras debe considerarse, pues, una victoria de las incipientes Provincias Unidas del Río de la Plata.
Los hechos históricos ocurridos durante los años siguientes muestran una Provincia Oriental enfrentada al centralismo porteño y la lucha denodada de Artigas para salvar la autonomía provincial siempre dentro de su concepción federalista.
La derrota del Jefe de los Orientales –traicionado y abandonado– marcó el afianzamiento del dominio portugués hasta que la Cruzada Libertadora de 1825, liderada por Lavalleja y Oribe, marca el inicio de la guerra por la independencia del Imperio del Brasil y por el retorno al seno de las Provincias Unidas.
El resto es historia conocida. Los hábiles manejos de la diplomacia inglesa habilitan la solución definitiva de proceder a una secesión y convertir a la Provincia Oriental o Cisplatina en el Estado Oriental independiente de la Confederación Argentina y del Imperio del Brasil.
A partir de entonces y durante varios decenios, el país debió sufrir la injerencia prepotente de sus dos vecinos. Con el paso del tiempo se apaciguaron las pretensiones imperiales, pero Uruguay quedó definitivamente condenado a asumir su papel de país chico debiendo soportar presiones de ambos vecinos; baste recordar la tesis argentina de las fronteras secas o las amenazas brasileñas a partir del golpe de Castelo Branco y hasta la instalación del gobierno cívico-militar.
La creación del Mercosur, a comienzos de los años noventa, pareció revivir el sueño de la Patria Grande, pero bastaron pocos años para que el bloque empezara a resquebrajarse en razón de la grosera prevalencia de los intereses de los dos colosos.
Hoy, a quince años de su nacimiento, el acuerdo regional aparece maltrecho. Y lo que más sorprende es que las desavenencias y los motivos de roces y conflictos se intensifican cuando en Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia y Venezuela tenemos gobiernos de neto corte progresista; una situación impensable unos años atrás.
Es ya un lugar común decir que el Mercosur así como está no nos sirve; lo ha dicho el presidente Vázquez, quien no pierde oportunidad de declarar la necesidad de fortalecer el Mercosur, de reformularlo sobre otras bases.
Salvo algunas voces aisladas que preconizan directamente el abandono del bloque, los dirigentes políticos de todos los partidos coinciden –con matices– en la necesidad de mejorar el acuerdo, de limar las asperezas y los motivos de fricción entre sus miembros, de modo que el bloque beneficie a todos y sea una verdadera alternativa a los afanes imperiales –estos sí nunca apaciguados– de formalizar el ALCA.
Sobre el propósito de mejorar el Mercosur no parece haber discrepancias. Las hay a la hora de determinar cuáles son los pasos a seguir en pos de esa mejora o de esa reformulación. Todo acuerdo o negociación implica, necesariamente, concesiones recíprocas. Esto, que parece tan elemental, no es tenido en cuenta por los dos grandes, que no están dispuestos a resignar sus ambiciones.
Debemos seguir bregando por el bloque regional, por ampliarlo y mejorarlo para hacerlo más equitativo. Pero corresponde a Buenos Aires y a Brasilia dar señales positivas en ese sentido y mostrar su disposición a ceder en lo que es justo. *
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