Nuestra segunda independencia

Hoy debería escribir sobre la inserción internacional del Uruguay e intentar esbozar algún comentario sobre las exitosas giras del presidente Vázquez a México, EEUU y Austria. Sobre las controversias que ha creado la eventual suscripción de un Tratado de Libre Comercio con los EEUU, en la propia izquierda. Sobre otros observadores frágiles de memoria quienes no recuerdan que hasta el Vietnam de Ho Chi Minh, diezmado en población y territorio producto de una guerra de agresión imperialista y sanguinaria que culminó un 30 de abril de 1975 con la 7ª. Flota de EEUU batiéndose en retirada, firmó un TLC con la principal potencia militar que perdió 57.000 soldados de sus filas. Cambió el mundo por cierto, desde esa tarde en Saigón, hasta el presente…

La fuerza política Frente Amplio debe desdoblarse en su papel de gobierno y partido que asume precisamente esa tarea para implementarla en beneficio de todos los uruguayos y en esa dialéctica y en el análisis de una situación política concreta debe discernir con meridiana claridad cuáles son los objetivos de mediano y largo plazo, en armonía con su programa y bajo el amparo de la Constitución. No somos un colectivo social domesticado por el imperio, sino un pueblo libre que no acepta presiones provenientes del carnaval político electoral vecino o del gran gigante del norte que nos frena el ingreso del arroz a través de la frontera común, negándose por otra parte a asumir el liderazgo que debiera tomar a nivel continental. Las conductas hegemónicas de Argentina y Brasil datan desde antes de nuestro nacimiento como nación independiente.

En este presente, ¿algún compatriota desconoce aún las concesiones recíprocas que se hacen por fuera del Tratado de Asunción argentinos y brasileños, para atraer la inversión y el comercio hacia sus territorios, mientras uruguayos y paraguayos nos quedamos con la «ñata» pegada contra el vidrio? ¿De qué hablan el Presidente Kirchner y el Sr. Gobernador de Entre Ríos cuando acusan al Uruguay de violar normas medioambientales? Obviamente que la piedra de toque en esta controversia que afecta a toda la región y muy particularmente desvirtúa la institucionalidad del Mercosur, radica en otros intereses. Pese a quien le pese, el Presidente Vázquez recibe el mandato de su propia fuerza política para llevar adelante los acuerdos internacionales que le generen al país aumentos sustantivos en la colocación de sus exportaciones, cumpliendo a cabalidad su promesa electoral de mayores y mejores oportunidades para los hijos de esta tierra.

Existen cruces de caminos en el devenir histórico de los pueblos que obligan a los líderes políticos, a las fuerzas sociales, a actuar con generosidad y grandeza y acompañar a su gobierno en políticas que son manifiestamente de Estado. Poseemos una política exterior nueva, dinámica y proactiva destinada a reinsertar al Uruguay en el mundo y que de mejor proveer se trata, de manera inteligente, donde opere un organismo de coordinación gubernamental con nuestros mejores técnicos, practicando el regionalismo abierto donde no renunciemos por nuestra vocación internacionalista y sentido de pertenencia a América Latina y al Mercosur, buscando al mismo tiempo nuevos mercados y desafíos. Hemos transformado este incidente con la República Argentina en una oportunidad para que ese mundo globalizado, en el cual se predica la libertad de comercio pero no se practica, nos conozca y crea en nosotros, como nación confiable y responsable de los acuerdos que suscribe.

Por ello el Consejo de Ministros no constituye un respaldo a la labor del Presidente Vàzquez. Es en sí mismo un acto de reafirmación de nuestra soberanía como nación independiente. No pueden existir mezquindad y cálculos políticos menores en una instancia que tendrá como centro la más completa divulgación e información sobre las plantas de pasta de celulosa y todo lo actuado hasta el presente en aras de un desarrollo productivo sustentable.

Se crea soberanía cuando se implementan más y mejores oportunidades para los ciudadanos de una nación. Se genera soberanía cuando la voz del Uruguay comienza a ser finalmente escuchada en el sistema internacional.

También, por cierto, existe soberanía cuando las instituciones cumplen con el rol que les asigna la Constitución y la ley. Y en ello queríamos detenernos a analizar -en medio de esta dinámica donde la política exterior del Uruguay ha cobrado en estos últimos meses una enorme magnitud y primer plano- los hechos judiciales vinculados a la detención de ciudadanos requeridos por la justicia argentina, que se suman a los ya procesados en Chile, por presunta violación de los derechos humanos.

No nos puede pasar desapercibida –en medio de este hecho, por demás histórico– una fecha como la del 20 de mayo. Es para nosotros un momento de reflexión y de compromiso con quien nos ha legado los más grandes valores democráticos.

Mencionar a Zelmar Michelini a treinta años de su brutal martirologio es renovar la fe en la paz, la prosperidad, la libertad y la justicia social.

Su calvario, como el de muchos otros luchadores por la liberación nacional, sembró la semilla de una patria para todos los uruguayos. Su impronta, junto a la de otros patriotas refrendó la creación del Frente Amplio, en aquel ya lejano 1971.

Hoy, en los albores de nuestra segunda independencia, cuando amanece la verdad y la justicia, cuando este gobierno al que se abrazó una nueva mayoría de hombres y mujeres de la más diversa extracción social y política

sale al mundo a decir «aquí estamos los orientales tan ilustrados como valientes».

Detenernos a pensar en Zelmar nos impulsa a las mejores realizaciones como ciudadanos en nuestra diaria tarea y a luchar por un Uruguay más digno. *

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