Como un gran fumador

Carlos Bouzas

Seguramente usted conoce a alguien que fuma dos paquetes de cigarrillos por día. Es nervioso, activo, enciende un cigarrillo mientras camina, conduce, cocina, trabaja, o espera el ómnibus. Tiene los dedos índice y mayor manchados de amarillo y su ropa huele a tabaco.

Para esa persona fumar no es un placer –como dice el tango– sino una necesidad. Las campañas antitabaco le resbalan y no se asusta por el fantasma del cáncer de pulmón. A veces se queja de la tos persistente que se adueñó de él.

Hasta que un día, un dolor en el pecho, un examen médico de rutina, la obligación de detenerse al subir una escalera, un acceso de tos con esputo sanguinolento, lo asusta y decide ir al médico, que, por supuesto, le aconseja –al cabo de unos cuantos exámenes– dejar de fumar.

Esa será la primera vez que dejará de fumar en el resto de su vida. Porque poco a poco se olvida el episodio y vuelve la necesidad compulsiva de pitar; y porque, en el fondo, está seguro de que el cigarrillo no tuvo nada que ver en el asunto. De esa manera recomienza el ciclo que se interrumpirá con cada uno de los próximos accidentes sanitarios, que provocarán las ene veces que dejará de fumar.

Y difícilmente pase de ahí el esfuerzo.

¿Por qué le cuento esto?

Pues porque en los últimos días asistimos a la preocupación expresada por medios de prensa y gobernantes respecto del incremento de la voluntad emigratoria de los uruguayos, especialmente los jóvenes.

Distintos estudios demuestran que uno de cada seis compatriotas se iría, que los que se fueron en el medio año que llevamos transcurrido superan en más del doble a los que lo hicieron en todo el año anterior y que las colas para el pasaporte dan la vuelta a la manzana. Muchos de esos gobernantes preocupados claman por medidas urgentes para evitar ese drenaje pernicioso para el Uruguay como nación.

Sin embargo, no ha sido nada más que una reacción espasmódica. Porque mientras tanto, antes y después, se siguen impulsando acciones de gobierno que ponen el énfasis en la contención del gasto, la eliminación del déficit, el achicamiento del estado, la libertad de importar lo que sea y prometer que el año que viene (hace unos meses decían que el segundo semestre de este año) será mejor.

Las poblaciones se mueven reclamando soluciones: Bella Unión, Carmelo, Young, Juan Lacaze. Los productores arroceros denuncian que van a la ruina. Los productores agropecuarios se desesperan por las deudas bancarias. Los industriales textiles dicen que esto ya no tiene salida. El PIT-CNT protesta por la destrucción de puestos de trabajo y la rebaja salarial.

Tengo la impresión de que nuestros gobernantes se comportan como los grandes fumadores. Se asustan de vez en cuando, si les golpea en la cara el fracaso del proyecto Uruguay-país-para-que-viva-su-gente. Pero el susto dura poco. Porque en el fondo, ellos están convencidos de que el daño no proviene de las políticas que están instrumentando, desde la dictadura hasta hoy.

 

* Militante del FA

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