Atender las urgencias e impulsar el desarrollo
A medida que se aproxima el solsticio de junio y la temperatura media comienza a bajar ostensiblemente, las autoridades, desde hace ya unos años, toman medidas tendientes a paliar los efectos del invierno en los sectores más vulnerables de la sociedad.
Hoy se pone en marcha oficialmente el llamado «Plan Invierno» por el que se brinda cobijo durante las noches gélidas a los uruguayos mayores de 18 años –y a sus hijos– que se hallan en situación de calle. Es una medida acertada que si bien no resuelve el problema de fondo, mitiga en parte el drama de los sin techo, drama que se agrava cuando dormir a la intemperie supone exponerse a la inclemencia de los rigores atmosféricos; no es lo mismo tener la vereda como colchón en el trópico que en la zona templada, donde las noches invernales son un enemigo extra de los indigentes. No es lo mismo dormir sobre un colchón, entre sábanas limpias y cubierto con una frazada que hacerlo sobre cartones y abrigado con trapos.
Pero además de la posibilidad de dormir bajo techo, estos refugios que se habilitan en el país brindan otros servicios fundamentales para dignificar a los más sumergidos. Una cena calórica, una ducha, cama con ropa limpia y el desayuno son ofrecidos diariamente a los necesitados que pueden, de esta manera, afrontar la peripecia diaria diurna con otro ánimo. Y la atención no se agota en esto: los refugios cuentan, también, con un equipo de apoyo multidisciplinario conformado por médicos, psicólogos, abogados, asistentes sociales y otros técnicos que atienden distintos tipos de necesidades de los compatriotas sumergidos. Es así que éstos pueden regularizar su documentación, acceder a atención sanitaria y a medicamentos, y mejorar sus capacidades para aspirar a un empleo digno.
Siempre hay alguien dispuesto a criticar este tipo de asistencialismo que suele ser visto como limosna olvidando así –o menospreciando– la realidad brutal de esos seres humanos desamparados cuya situación exige una respuesta inmediata de parte de las autoridades. El Plan Invierno, al igual que el más ambicioso y abarcador Plan de Emergencia puesto en práctica por esta administración, apunta al primer nivel de rescate de los uruguayos afectados por el derrumbe de un modelo de país. Un modelo que priorizó descaradamente los indicadores macroeconómicos por encima de las necesidades de la gente concreta y sin que importaran los «costos sociales» de la aplicación de dicho modelo de crecimiento. Se trata de compatriotas, mujeres y hombres que viven una verdadera situación límite y que merecen la atención y la preocupación de todos. Al instrumentar estas políticas asistenciales, el gobierno está dando respuesta a sus necesidades inmediatas. Pero al mismo tiempo –y he ahí la diferencia con las medidas que se quedan en el mero asistencialismo– el gobierno, sensible a los problemas sociales, impulsa medidas que apuntan directamente a combatir las causas de la miseria y la exclusión.
Porque en definitiva, de lo que se trata es de brindar a todos los uruguayos la posibilidad de acceder a un empleo digno, estable y bien remunerado.
A eso apuntan la recuperación salarial por un lado, y el fomento de inversiones productivas por otro. El impulso al país productivo es el camino adecuado para que en un futuro ya no haya necesidad de implementar el plan invierno.
Es una meta ambiciosa; pero hay que hacer lo imposible para alcanzarla. *
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