Integración: deberes pendientes
Subsecretario de Trabajo y Seguridad Social
«El Interior también existe» decía días atrás. Hoy agrego: ¿Y la integración regional no? Por más difíciles que sean los tiempos, necesitamos más Mercosur, pero no el actual, que no sirve, dice el presidente. Si tendremos deberes pendientes con la sociedad latinoamericana, todos los que actuamos en estos ámbitos…
La cosa viene a cuento en función de la reunión celebrada en Brasilia los días 2 al 5 de mayo de 2006 entre los ministerios de trabajo del continente, y que fundamentalmente estuvo signada por el concepto de Trabajo Decente.
La gente se preguntará qué se quiere decir con este concepto, porque no es fácilmente comprensible para el ciudadano común. Sin embargo está lleno de contenidos trascendentes: cumplimiento de derechos y normas fundamentales del trabajo, creación igualitaria de oportunidades de empleo para hombres y mujeres; protección eficaz para todos para generar mayor confianza en la democracia, en el diálogo social y el tripartismo, incrementando así la inclusión social y laboral. Todo lo cual redunda en la reducción de la desigualdad social.
Por otra parte, ¡cuántos desafíos encierra! Crecimiento económico sí, pero con trabajo digno; respeto de la edad mínima de acceso al trabajo combatiendo el trabajo infantil; libertad sindical y negociación colectiva, no discriminación e igualdad de remuneración, abolición del trabajo forzoso. ¡Casi nada!
Cuando analizamos que formamos parte de un continente en el que de unos 57 millones de jóvenes entre 15 y 24 años, casi 10 millones están desempleados, esto es, 42% del desempleo total de la región, surge aquello del principio de esta nota: ¡si tendremos deberes pendientes con la sociedad latinoamericana! ¿Cuántos jóvenes uruguayos nacidos a partir de los 70 permanecerían en este país si el trabajo decente fuera generalizado a todo nivel?
Qué bueno sería que la región pudiera recuperar al salario mínimo nacional como instrumento de desarrollo de la política salarial, y no una herramienta al servicio de la rebaja del salario y reducción de costos laborales como ha sido hasta ahora, en la mayoría de los casos. Felizmente Uruguay ha reaccionado: muy poco tiempo atrás era impensable que el P. Ejecutivo propusiera que el SMN llegara a $3.000. Reconozcamos la buena contribución que el gobierno anterior hizo para ello, desligando el SMN como referente de la seguridad social y creando la Base de Prestación Contributiva.
Analizando estas cosas, ¿cómo no preguntarnos acerca de los deberes pendientes que tienen los gobiernos de la región en estos aspectos que influyen notoria y notablemente en la vida diaria de los latinoamericanos?
Estas reflexiones no son nada extravagantes, inventadas o cosa parecida. Están motivadas, por una parte, en la lectura del trabajo presentado por OIT en Brasilia del 2 al 5 de mayo de 2006 titulado «Trabajo Decente en las Américas: una agenda hemisférica 2006-2015″. Por otra, en la preocupación que originan las dificultades, por ahora crecientes pero totalmente superables, del proceso de integración regional, en un continente en el que más de 22 millones de jóvenes no estudian ni trabajan, y de los que dos de cada tres son mujeres que en una gran proporción han sido madres a temprana edad. Seres humanos que forman parte de lo que se llamó en la década de los 90, «la generación perdida». Salvo que se sostenga que la informalidad, felizmente decreciente a partir del año 2005 en el Uruguay, sea la solución.
Una vez más: ¡cuántas obligaciones pendientes tenemos en este continente tan desigual y convulsivo! *
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