Cumbres borrascosas
Tuvo lugar la tan esperada y promocionada IV Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea y América Latina y el Caribe, que será recordada como la Cumbre de Viena, aquélla en la que irrumpió, en ropas menores, una joven argentina (Reina del Carnaval de Gualeguaychú) como forma de protesta por la construcción de las plantas de celulosa en Fray Bentos.
Para nuestro país, más allá de los contactos bilaterales y de las posibilidades de incrementar nuestras ventas al viejo continente, la oportunidad fue propicia –y aparentemente bien aprovechada por el presidente y su comitiva– para plantear la posición uruguaya en el conflicto que nos enfrenta con Argentina. La coincidencia en el tiempo entre el comienzo del juicio ante el Tribunal de La Haya y la realización de la Cumbre jugó a favor de Uruguay pues el diferendo entre las dos naciones suramericanas estaba, de hecho, presente en el encuentro y había despertado el interés de los mandatarios europeos.
Es así que el punto de vista uruguayo pudo ser explicado por el doctor Vázquez y el canciller Reinaldo Gargano ante sus homólogos europeos; y de acuerdo con lo declarado públicamente por nuestro presidente, la postura uruguaya habría recogido un apoyo casi unánime. «Hemos logrado claramente un apoyo a la posición de Uruguay en el tema del conflicto con Argentina, prácticamente en todas las conversaciones que hemos tenido, menos con el ministro griego, con quien el tema no se tocó, y con el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan», quien por razones obvias no expresó su parecer (para no incidir en la independencia del Tribunal de Naciones Unidas que deberá estudiar y pronunciarse sobre la demanda argentina y la réplica uruguaya).
Además del previsible espaldarazo y apoyo expreso de los gobiernos finés y español, el doctor Vázquez recibió comprensión de parte del premier austríaco y del jefe de la diplomacia alemana.
Para los intereses puntuales –o coyunturales– uruguayos, el viaje del presidente Vázquez resultó exitoso. No puede decirse lo mismo respecto de los propósitos que perseguía la cuarta Cumbre, que versaban sobre la ampliación de acuerdos comerciales. Este asunto –nada menor, por cierto– quedó postergado como consecuencia de la prioridad –impuesta por las circunstancias y por la irrupción de una vedette– que tuvo el conflicto por las fábricas de pasta de celulosa. Un conflicto que, sumado a los antagonismos bilaterales verificados últimamente entre otros países de la región, ha oficializado a los ojos del mundo la frágil consistencia del Mercosur y la vulnerabilidad de la tan proclamada unidad latinoamericana.
En su editorial de ayer, el matutino El Observador resume la situación en pocas palabras: «Los anfitriones europeos asistieron desconcertados a una reunión que fue convocada por temas comerciales entre los dos continentes y se deformó en un cruce de insultos, diatribas y acusaciones entre Venezuela, Bolivia, Brasil y Perú».
Para sorpresa de muchos que creían llegada la hora de la unidad latinoamericana que llevaría a la segunda independencia, la afinidad ideológica entre los gobiernos de muchos países latinoamericanos no pudo impedir que afloraran intereses menores y mezquinos, nacionalismos obsoletos y choque de intereses inexplicables. El hecho es que los dos bloques suramericanos (la Comunidad Andina de Naciones y el Mercosur), lejos de encaminarse hacia la integración aparecen, cada uno por su lado, exhibiendo fisuras que hacen peligrar seriamente el proyecto Alba impulsado por Venezuela.
El consejo de Martín Fierro, enunciado hace más de cien años, ha sido sistemáticamente desoído para desgracia de nuestros pueblos y para regocijo de los poderosos. *
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