Crónica de un simulacro en una Argentina presocial

La situación en la que hoy se encuentran afectadas las relaciones «formales» entre Argentina y Uruguay ante la instalación de Plantas de Celulosa en Fray Bentos que «contaminarían» la zona de influencia, tendrían que desembocar necesaria y rápidamente, de ser legítimos los reclamos, en cuestiones de principios y finalidades, y por ende de elección. No será un decreto, fórmulas Harry Potter, u otras alternativas mágicas, mejor o peor aplicadas, lo que dará al Conflicto un nuevo rumbo: el rumbo ya está marcado. ¿Hay que aplicar la legalidad preexistente en el problema? Y de no ser así promulgar nuevas leyes que cubran las necesidades de las partes, en las legítimas democracias se actúa de esa manera y no en un juego de alusiones vagas como lo vienen haciendo políticos alejados de todo tipo de ensayo de entendimiento.

Pero «es norma y moda» la ecología prêt-à-porter y todo lo que deba decirse acerca del tema será dicho. Se escucha a personeros del poder hablar de contaminación, dioxinas, medio natural, especies en extinción en retóricas congeladas. Aun se va más lejos, intentando varias operaciones de «explanación», por ejemplo ampliar el espectro de responsables en el conflicto (gobierno de Finlandia). Acerca de los neófitos opinadores de todo, ¿es aceptable una sinceridad en la ignorancia?

Argentina como es costumbre descubrió La Ecología a destiempo. El oportunismo mediático, creado y manipulado desde el poder, cual Clero Secular desde donde se elabora la Realidad, con el apoyo de un pueblo que ve coronada su mediocridad y temor en la presencia de improvisados conductores o autodenominados periodistas de programas emergentes y oportunistas acerca de Medio Ambiente y Desastres Ecológicos cuyos dichos toman caracter de evidencia, debería acudir a Instituciones que en forma idónea traten seriamente los temas en cuestión: Ecología, Biología, Medio Ambiente.

Sin una filosofía política que implique una idea del hombre y un cierto modelo de sociedad, la acción política se paraliza, por la alternativa infranqueable de la resignación a lo que son los hechos consumados, y por una contestación global, consagrada al verbalismo simulado, demasiado débil para modificar «el estado de las cosas» y lo bastante fuerte como para asustar a los temerosos.

Nuestros dirigentes políticos, en este estado presocial en que se encuentra empantanada Argentina (no olvidar que ecología y medio ambiente están ligados a la calidad de vida de el hombre, que en Argentina hoy hablar de esto es utopía) no puede ejercer una dialéctica verdadera consagrada al bienestar del pueblo, pues no tendría ni sentido ni alcance si no se hace a partir de una filosofía según la cual los dirigentes y los poderes actúen para los pueblos y no los pueblos para ellos.

El sarcasmo absurdo y el anacronismo configuran la alegoría de su historia a través del simulacro, la especulación, la oscuridad, el asesinato, el resentimiento, la corrupción, la mentira, el revisionismo permanente al servicio de intereses particulares, a través del ensayo y el error, es aun una historia presocial.

Estos gobernantes: militantes deprimentes a contramarcha de la historia, burócratas del cambio, inspectores del signo y el síntoma, seres que por impericia o libido de perversión, parecieran no tener interés alguno en la solución del conflicto. Ya no se debe ir a la lucha contra la contaminación como una finalidad en sí misma. No se conseguirá gran cosa limitándose a atender los síntomas del mal. La curación no puede provenir sino de una modificación de esta pre-sociedad donde transcurren nuestras vidas. Los procesos democráticos legítimos deben aspirar a logros legítimos y no circunstanciales, y me remito al puntual caso «Plantas de Celulosa» en el que la solución no se lograra presentándose ante la Corte Internacional de la Haya que se expedirá con suerte en cinco años, ni con la presencia de Kirchner junto a funcionarios de la Argentina en Gualeguaychú, no lo ignora ningún especialista en derecho internacional, ambientalista real, político bien intencionado, ciudadano idóneo e informado. La solución existe, salvo que el conflicto, como manifesté en reiteradas oportunidades desde el año 2004, responda a un pliegue de espectáculo que esconde instancias que hoy se quieren ocultar y en un futuro no tan lejano se verán plasmadas en la prensa diaria. Nuestra historia fue pautada salvo excepciones de esa manera.

Sería ingenuo elevar al terreno del deseo justo lo que ya existe como realidad. Porque aunque el conocimiento implique responsabilidad, la irresponsabilidad no va a curarnos del conocimiento magro de quienes guían desde lo político nuestro destino de nación presocial. *

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