La hora de la unidad
Soberbia, búsqueda de apoyos electorales; desdén hacia la legalidad, nacional e internacional, o su utilización cuando se cree conveniente para sus propósitos; supuestos ambientalistas de ignorancia supina (que ni por asomo tuvieron la misma actitud cuando Menem les desmanteló el país y ahora defienden nuestra soberanía) pero conformando un movimiento de amplio respaldo popular en Gualeguaychú; ONGs ambientales como la uruguaya Guayubira y la transnacional Greenpeace manejando el miedo y la manipulación de información como elementos centrales de su campaña; un canciller y funcionarios de clara postura anti-uruguaya, amplio apoyo mediático y como telón de fondo grandes, y no tanto, intereses económicos de variada gama, conforman un cóctel en contra de Uruguay que vistas las cosas desde el ahora, tenía que desembocar en lo que desembocó: que llevemos el conflicto con Argentina ante los Organismos Internacionales como la OEA o la Corte Internacional de Justicia de la Haya, a donde Uruguay ya envio los antecedentes de esta situación.
No obstante, tengamos claro que esto lleva años, y que también ahí juegan intereses, y que planteadas como están las cosas, la Asamblea Ciudadana de Gualeguaychú va a seguir perjudicándonos, en particular en los meses de verano porque el lobby turístico argentino juega y se vió muy favorecido con esta situación el pasado verano y recientemente en semana de turismo.
La vía judicial que se emprende, dadas las circunstancias, es el medio más civilizado para dirimir disputas, y no implica un acto inamistoso necesariamente. Está previsto en el Estatuto del Río Uruguay de 1975 y no debiera dramatizarse. Debemos ir con confianza, sabiendo que la razón nos asiste, tanto en el cumplimiento de los acuerdos firmados, como en el caso del Tratado del Río Uruguay, como en los aspectos medioambientales donde existe un enorme respaldo técnico nacional e internacional.
También deberemos reclamar ante quien corresponda por los daños económicos que se nos han ocasionado.
A decir verdad, y en función de los elementos que uno maneja, que en definitiva poco más o menos son los que la prensa trasmite, quizás fuera preferible cualquiera de los organismos nombrados, o todos (sin dejar de lado la posibilidad de continuar el diálogo), y no el del Mercosur, porque en este ámbito mercosuriano, Brasil no ha tenido una respuesta como podía esperarse, no ya por afinidades ideológicas, sino por el hecho de que en su territorio hay muchísimas plantas, el Estado estimula la actividad y ha aprobado recientemente el emplazamiento de una frente a Corrientes, sobre el río Uruguay, y sin embargo no ha tenido una postura clara, firme, en particular sobre la violación del art. 1º del Tratado de Asunción sobre el libre tránsito de personas y bienes. Parecería que cuida más su relación comercial con Argentina que el cumplimiento del acuerdo que como socio mayor del Mercosur debiera observar. No parece haber una vocación que refleje el pensamiento de patria grande de nuestros próceres; falta grandeza, vocación de líder y sobran intereses inmediatos. Una razón más para pensar en un replanteo sobre el Mercosur si prentendemos que sirva a todos los pueblos.
Sin duda este es el conflicto más grande que hemos tenido con la Argentina desde, quizás, la Guerra Grande, y lo patéticamente lamentable es que haya sido por la instalación de una industria con tecnología de punta. Sería para reírse si no fuera por los daños sociales y materiales que ha causado y que puede llegar a causar.
La realidad es que estamos siendo agredidos criminalmente, que estamos en desventaja en la medida que somos económicamente mucho más chicos y que mientras nosotros nos apegamos a la legalidad, a ellos ese tema no les importa demasiado, por lo cual tienen las manos más libres.
Sin embargo, mirándolo positivamente, este apego es una de nuestras mayores fortalezas y seguramente pesará en el ámbito internacional, como así a los ojos de futuros inversionistas. Esto no es menor si miramos el mediano plazo. Este conflicto pasará y lo que quedará será la visión de un país apegado fuertemente a la legalidad nacional e internacional como norma de conducta, un país serio, y otro donde las normas se aplican en función de los criterios de conveniencia de los gobernantes de turno.
En este contexto las medidas que se mencionaron por parte de la Intergremial de Transporte de Carga de nuestro país de hacer un contra corte, como de cualquier otra organización que se plantee cosas similares, lo que hacen es atentar contra la postura de nuestro país, más allá de que, obviamente, no sea su intención. Por supuesto que su situación es dramática, muy lamentable y comprensible y ojalá pueda haber mecanismos que por lo menos permitan paliarla, al igual que pasa con las empresas y la gente de nuestro Fray Bentos que se ha quedado sin trabajo por el mismo motivo, pero una acción en esa línea lo que hace es debilitar la postura uruguaya y fortalecer la de los piqueteros, ponernos en un mismo plano y darles un motivo más de cohesión.
Como hecho tremendamente positivo digamos que esta nueva situación ha posibilitado el reencuentro de las fuerzas políticas y sociales más representativas del país, así como el apoyo de la enorme mayoría de la población, detrás de la posición oficial. Esto es de enorme importancia tanto nacional como internacionalmente, en particular en este último terreno, en el que la última palabra la tendrán los organismos internacionales.
Debemos todos ser muy cuidadosos para mantenerla. *
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