Ataques al gobierno boliviano
La decisión asumida por el gobierno boliviano nacionalizando los hidrocarburos ha provocado una violenta reacción en varios de los países a los que pertenecen las empresas petroleras que resultan afectadas por el decreto de Evo Morales. Empresas que, en algunos casos, han sido protagonistas de episodios de corrupción escandalosos. En el caso de la española Repsol no hace muchos meses se dieron a conocer una serie de actos fraudulentos, de corrupción y de contrabando de petróleo en Bolivia, Ecuador, Colombia, donde aparece asociada a grupos paramilitares.
En Brasil a partir de las noticias sobre la nacionalización de los hidrocarburos, se desató una campaña mediática intensa contra la legítima decisión del gobierno boliviano aunque el presidente Luis Inácio da Silva, Lula, exhortó a analizar las nuevas condiciones propuestas por Evo Morales con espíritu de justicia.
Más exasperadas y en un tono agresivo han sido las críticas en España, donde de acuerdo a una nota editorial de Marcos Roitman publicada en La Jornada de México, se habla de «desvergüenza del indigenista (el presidente legítimo de Bolivia) de atacar los intereses de las empresas que fueron a invertir para ayudar al desarrollo, crear empleo y favorecer el progreso del país». En programas clave, Los desayunos de Televisión Española, El ruedo ibérico o La mirada crítica, los más vistos, y en las tertulias de las cadenas de radio más escuchados el problema se construye de esa manera. «Las empresas españolas fueron con buenas intenciones y con objetivos filantrópicos a crear empleo, riqueza y desarrollo y ahora son penalizadas por un gobierno manejado desde fuera por Fidel Castro y Hugo Chávez. Eduardo Zaplana, portavoz del Partido Popular, se despachó a gusto en Antena 3 y llamó al presidente de Bolivia «tipejo de la peor especie».
Y agrega Marcos Roitman: «Mario Benedetti señala que a los españoles, sobre todo a los progresistas, les gusta apoyar las revoluciones fracasadas, pero no las triunfantes. Ello exige principios y compromiso. Si hoy se tratase de las nacionalizaciones chilenas de Salvador Allende del cobre o las del petróleo de México con Lázaro Cárdenas, seguramente se opondrían. Así apoyan a compañías transnacionales como Repsol, Endesa, Santander Central Hispano, BBV, Telefónica o Iberdrola. La piña entre gobierno y empresas permite disfrutar de un buen nivel de vida a una mayoría de españoles a costa de la pobreza y miseria de los países donde van a radicarse. Sólo que esa parte oscura prefieren no destaparla.
(…) Descapitalizan, roban, explotan, destruyen el medio ambiente, exterminan la población aborigen, eso sí con el consentimiento de gobiernos cipayos latinoamericanos. Cuando triunfan coaliciones y proyectos políticos cuyos programas tienen como objetivo recuperar la dignidad, la soberanía, entonces se dedican a conspirar para su destrucción y caída. Su acción es tildarlos de no respetar las reglas del juego, las neoliberales, claro está. Es decir, se trata de que no se interfiera en el mecanismo para obtener sus beneficios. Los casos de Bolivia con Repsol y Chile con Endesa, propietaria de 62 por ciento de los recursos hidráulicos, es significativo. Sus ganancias son repatriadas a España y sirven para aumentar sus recursos gracias a la sobrexplotación de los trabajadores bolivianos y latinoamericanos cuyos sueldos de miseria no cotizan en bolsa».
El cuadro descrito por el ensayista mexicano no se limita ni a esta etapa del negocio petrolero ni exclusivamente a las peripecias que atraviesa Bolivia. Forma parte de un cuadro de situación válido para la inmensa mayoría de los países latinoamericanos y del Tercer Mundo. *
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