El "Plan Colombia" y la agenda latinoamericana

Los hechos latinoamericanos de estos días han mostrado el ritmo vertiginoso de los cambios y desafíos que nuestro subcontinente tiene planteados: el viaje del presidente Clinton a Cartagena de Indias el miércoles, y la reunión, jueves y viernes, de los presidentes sudamericanos en Brasilia, respondiendo a una convocatoria del presidente Fernando Henrique Cardoso.

En esta singular instancia, los presidentes sudamericanos emitieron algunas señales interesantes acerca de las iniciativas y declaraciones del presidente Pastrana y, sobre todo, de las iniciativas norteamericanas para Colombia a propósito de los problemas de la producción y tráfico de drogas.

El llamado «Plan Colombia» ha sido presentado como una solución integral a la cuestión del cultivo.

Se insiste, por parte de Pastrana y de Clinton, en que el plan está destinado a financiar transformaciones económicas y sociales, especialmente entre los campesinos productores de coca de modo de disminuir la producción de drogas sin acentuar la crisis que padece la sociedad colombiana.

La iniciativa norteamericana ha recibido duras críticas por parte de varios actores relevantes en la región.

Muchos dirigentes señalan que la lógica del Plan Colombia, centrada sobretodo en la ayuda militar, conducirá, a corto plazo a una extensión del conflicto.

Se habla así en los países fronterizos, como Venezuela, Ecuador, Brasil y Perú, de un «derrame» del conflicto hacia los países vecinos a través de poblaciones desplazadas, presencia guerrillera, acciones de combate, desplazamiento de los cultivos de coca, entre otros problemas.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha insistido en los riesgos de que la explosiva situación colombiana se extienda y termine generándose una situación con analogía a la guerra de Vietnam.

El carácter «social» de los 1.300 millones de dólares aportados por el gobierno de los EEUU han sido denunciados como siendo básicamente los costos de una intervención militar.

El 80% de los recursos está destinado a equipar a las fuerzas armadas con 60 helicópteros artillados, infraestructura para la guerra y entrenamiento de tres batallones antinarcóticos.

El Plan incluye la presencia en Colombia de 300 asesores militares norteamericanos bajo las órdenes de un general.

Estas características de la ayuda norteamericana han hecho decir al presidente Hugo Chávez que «los instrumentos de guerra con que ahora EEUU provee a Colombia son mayores que las sumas de todos los países latinoamericanos».

Sobre la cuestión colombiana y el problema del narcotráfico hay algunas paradojas urticantes que no han pasado desapercibidas por los obervadores y los presidentes.

Con mucha claridad lo expresó el presidente de Ecuador, Gustavo Noboa: «Erradicar los cultivos es fundamental. Usted no siembra si no hay consumo. Estados Unidos debe preocuparse de su problema interno».

En el mismo sentido apunta un editorial de El País de Madrid que señala: «La inquietud en la región es manifiesta. Los vecinos de Colombia (Perú, Brasil) ya han anunciado un incremento de la presencia militar en sus fronteras. El narcotráfico es un peligro para la democracia de todos los Estados latinoamericanos. Washington lo considera una cuestión de seguridad nacional, que, eso sí, le resulta menos difícil acometer en el exterior que en el consumo de cocaína en EEUU (…)».

Simultáneamente, los presidentes de los países de América del Sur, respondiendo a una convocatoria del presidente Fernando Henrique Cardoso, dieron en Brasilia algunos pasos bastante ambiciosos.

Se trata nada menos que de crear una zona de libre comercio antes de enero del año 2002, es decir, en los próximos 16 meses.

Este bloque económico sería el primer paso para crear un mercado común entre los países integrantes del Mercosur (Argentina, Brasil Paraguay y Uruguay) y los integrantes del Pacto Andino (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia).

El liderazgo de este entendimiento suramericano estaría en manos de Brasil, quien ha señalado por boca de su canciller, más de una vez, la necesidad que siente su gobierno de crear mejores condiciones para los países de América del Sur a la hora de negociar con la propuesta norteamericana del ALCA.

Como se puede apreciar, en el curso de unas pocas horas se ha empezado a discutir enfoques e iniciativas que son decisivas para el futuro de los pueblos de esta región del mundo.

La suerte de nuestro país se juega en ese escenario. No es el único pero quizá sea el principal.

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