Una decisión impostergable
El ajuste de jubilaciones y pensiones al 1º de julio permite seguir recuperando gradualmente el poder adquisitivo perdido por jubilados y pensionistas entre el 1º de enero de 2000 hasta el 31 de diciembre de 2004, que llegó a casi un 30%, junto con el impulso de ajustes diferenciales para las pasividades más bajas, ese fue nuestro compromiso.
¿Qué pasaría si esa decisión se postergase? Que las jubilaciones y pensiones perderían lo ganado a partir del 1º de enero de 2005. En efecto, el año pasado la inflación fue del 4,90%, pero el índice medio de salarios, producto de la influencia de los incrementos salariales por la instalación de los consejos de salarios y el aumento del salario mínimo nacional, llegó a un 9,78%.
Es decir que, con los ajustes al 1º de julio de 2005 y 1º de enero de 2006, se recuperó un 4,88% del poder adquisitivo perdido. Poco, es cierto, pero significó el arranque de un proceso que, junto con los ajustes diferenciales, empezó a marcar un rumbo opuesto al que se venía dando.
Recordemos que el ajuste diferencial fue del 6% para las jubilaciones menores a $4190, quedando para este año el ajuste de las pensiones más sumergidas.
Lo significativo es que esa tendencia de recuperación paulatina se ha seguido dando en el presente año. En efecto, frente a una inflación del 2,37%, en el primer trimestre, el índice medio de salarios llegó a casi un 5% en el mismo período
Pero estos avances registrados desde enero de 2005 se pueden esfumar si no se produce un ajuste al 1º de julio próximo. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que la inflación estimada para este año, que como dijimos llegó al 2,37% al 31 de marzo de 2006, se «comerá», a mediados del año en curso, lo recuperado en 2005 y luego continuará rebajando el poder adquisitivo de las pasividades.
Al mismo tiempo, también se irá «comiendo» el ajuste diferencial para las jubilaciones otorgado el año pasado.
Es por esto que el ajuste al 1º de julio, junto con el compromiso de elevar las pensiones sumergidas, se vuelve impostergable.
De lo contrario podríamos volver, a fines de 2006, a situaciones que estaban dadas en 2004. Volveríamos más atrás que el punto de partida.
Lo dicho hasta ahora por este legislador, militante por el avance de nuestro gobierno, cumple con el derecho y la obligación de prevenir circunstancias.
Aunque no por ello dejamos de ser optimistas, toda vez que observamos con satisfacción el avance en el crecimiento del producto, en las exportaciones, en la recaudación impositiva, en el progreso sustantivo del número de aportantes al BPS, todo lo cual permite, con mesura pero sin pausa, ir amortizando la deuda social.
Y porque en nuestro gobierno no hay fisuras en cuanto a considerar que no hay que esperar a que la «torta» crezca para comenzar a redistribuirla.
Seamos entonces consecuentes, sin detenernos en cuestiones de forma, cuando, como en esta oportunidad, es posible hacer justicia. *
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