Gernika: a 69 años del genocidio
La masacre armenia por los turcos y la de Gernika fueron los primeros genocidios del siglo XX. El preámbulo de los que aún recientemente fueron el de Afganistán, Irak, el que sufren hoy los palestinos o el que se apronta en Irán, sin perjuicio de los más de 70 en nuestro continente.
No hay razón válida y humanamente justificable para esas masacres, salvo las de satisfacer las ambiciones de poder y de dominio sobre territorios y riquezas ajenas, esclavizando pueblos y naciones débiles. Gernika y su roble son emblemáticos hasta por lo alevoso y cobarde. No se mataron hombres; estaban en el frente de batalla lejos por cierto de ese pequeño (seis o siete mil habitantes) poblado. Sólo mujeres, niños y ancianos que bajaban de las montañas a la hora de la feria semanal a proveerse de vituallas y por ende, multiplicaban en esas horas la población.
No había interés logístico militar alguno. No había soldados, fábricas de armas, aeropuertos ni nada parecido. El 26 de abril de 1937 la Legión Cóndor alemana despegó por orden, inspiración e indicación española, para bombardear alevosamente un objetivo inerme e indefenso. Su fin despótico era destruir el alma vasca libre representada en su sagrado roble. Dios no lo quiso. Su roble, hasta hoy, sigue en pie. Las calles se sembraron de cadáveres inocentes.
Nunca España permitió sacar fotos de su Necrópolis donde descansan los sagrados huesos con las respectivas historias muy humildes de ciudadanos inocentes comunes pero con unas muertes cargadas de glorias libertarias, víctimas del criminal genocidio. Su roble con las ramas al cielo entre la lluvia de bombas y metralla, clamando justicia y misericordia que por cierto jamás se tuvo.
Gernika siguió viva con su árbol sagrado, donde milenariamente en su torno se reunían los jefes tribales a legislarse democrática y soberanamente sus leyes y reglas de convivencia. De un pueblo que a través del inmenso tiempo, jamás tuvo ambiciones imperialistas ni depredatorias y cuya única ambición fue convivir en paz entre sus verdes picos montañosos y el proceloso cantábrico que abrazaba con sus olas las traineras de sus pescadores. Con el crimen de Gernika, se quiso imponer e inspirar el terrorismo por la banda armada española, asesinando mujeres, viejos y niños. Con el agravante de carecer del coraje de dar la cara. Mandaron a los alemanes a hacer el trabajo sucio. Los teutones con el tiempo pidieron disculpas de la brutal barbarie.
España jamás lo hizo y hasta hoy prohíben que el famoso cuadro del genial Picasso, obra maestra en homenaje justamente al pueblo vasco y a Gernika, sea expuesto en Euskadi.
¡Si serán criminalmente culpables!
Se cumple un aniversario más, el 69, de la inmolación. Acá en nuestro Uruguay tan vinculado a los eskaldunes, sus descendientes concurrimos a su plaza. Algunos a plantar un nuevo roble hijo o retoño del milenario de la Madre Patria. Todos respetuosamente conscientes, de que la sangre ORH negativa que corre por la mayoría de nuestras venas ¡sigue viva y libertaria!
Se está luchando por una nueva expectativa. Los grupos revolucionarios han detenido su mano y silenciado sus armas. Se baraja un nuevo estatuto según versiones, por el que se respete y reconozca la libre decisión del pueblo vasco políticamente.
No es poca cosa por cierto. Plebiscitos libérrimos futuros pueden decidir el porvenir de la nación o raza vasca si llegan a conseguirlo. Las razones y justicia nunca se sentaron sobre bayonetas sino sobre derechos milenarios de un pueblo que nada jamás tuvo en común con los imperios dominantes conocidos.
Toda lucha libertaria se la tacha por los poderosos de terrorista. Palestina e Irak son por defender legítimamente su soberanía y su petróleo; nuestras patrias americanas fueron avasalladas explotadas con gobiernos títere puestos por los imperios europeos y yanquis y se nos decía que era por defender la democracia de los terroristas que la defendían. Irlandeses y vascos también obviamente se les acusó sibilina y tendenciosamente de tener bandas armadas.
En cambio, la guerra del opio por los ingleses contra los chinos, Hiroshima y Nagasaki la matanza masiva más grande de la historia, el producido en el Dien Bien Phu heroico al tener que defenderse de una agresión criminal, el sur del Líbano como Chabra y Chatilla, las más de setenta a nuestra América Latina, no son tachados de terroristas sino de defensores del bien sobre el mal o de la democracia.
En Euskadi hay paz momentáneamente con perspectivas reales de permanencia. Felizmente. El roble sagrado de Gernika con sus verdes retoños permanece con sus ramas extendidas al cielo con la esperanza renovada de ver concretar el sueño de una Ikurriña libre y soberana flamear sobre los picos pirenaicos.
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