Algo más sobre el viraje a la izquierda en América Latina

El argumento del ex presidente (véase mi nota del viernes 21 «Sanguinetti y la ola de izquierda en América Latina») es que los nuevos gobiernos del continente  que se niega a catalogar como de izquierda- no han introducido cambios en relación con sus antecesores. Es muy fácil demostrar lo contrario.

Empecemos aquí también por casita. En un solo año el número de pobres disminuyó en 80 mil. La política de derechos humanos alcanzó resultados que conmovieron a todo el país y son el fruto de una concepción diametralmente opuesta a la imperante en la época en que el general Medina guardaba en su caja fuerte las citaciones a los militares para concurrir a los juzgados.

En Brasil los cambios se expresan, entre muchos otros hechos, en que la Bolsa Familia, aspecto fundamental del emblemático plan Hambre Cero (tema que Lula llevó al mundo entero) abarca a 35 millones de personas bajo el umbral de la pobreza, en mejoras sensibles en la educación escolar, en el descenso de la mortalidad infantil, en la suba de salarios con una inflación controlada, en la creación de más de cuatro millones de puestos de trabajo genuinos, sin hablar del crecimiento económico sostenido, el record del superávit comercial, el autoabastecimiento de petróleo, etc. En un cuadro de estabilidad asegurada, el país inició un ciclo de desarrollo continuado, con crecimiento económico, distribución de renta, generación de empleo y reducción de la pobreza. Al contrario de lo que señala Sanguinetti, esto es el reverso de lo acontecido bajo los gobiernos de FHCardoso.

A propósito, hay en su artículo una visión sesgada (no por repetida menos falsa) de las políticas relacionadas con el FMI y la deuda externa. Dice que ahora se acepta lo que antes se criticaba acerbamente. Todo lo contrario. Las políticas que el FMI impone son nefastas al máximo grado, y de esto hay sobrada experiencia. Lo que sucede es que el gobierno de Brasil, para seguir con el ejemplo, dio un paso más adelante. Cortó las amarras con el FMI, no renovó su crédito, lo mandó a pasear, y recuperó el control plenamente soberano de su economía, en un acto de trascendencia internacional, al punto que otros países siguieron ese camino. Se demostró en la práctica que un gobierno puede dirigir la economía de su país prescindiendo del FMI, dando la espalda a sus directivas envenenadas.

Por ahí Sanguinetti afirma que «ninguno de estos (nuevos) gobiernos habla de socialismo y mucho menos de marxismo», y se lamenta del rechazo que sufrieron los gobiernos que los antecedieron.

Sobre lo primero. ¿Acaso es ésta la realidad? Al contrario, para estos gobiernos y de sus partidos el socialismo es una perspectiva posible y deseable. En muchos casos lo dicen a texto expreso, en otros está implícito pero no menos claramente. Lo que no significa que sea una posibilidad inmediata, sino que se va construyendo. Crece desde el pie. El objetivo inmediato  y particularmente en los países que sufrieron las dictaduras militares- es la afirmación de la democracia, su extensión y profundización mediante la participación creciente de los sectores populares, la creación de nuevas formas de democracia, en particular la denominada democracia participativa. En este sentido los nuevos gobiernos y sus partidos han realizado aportes muy significativos, fruto de la experiencia de su trabajo con grandes masas de la población, que han pasado a ser parte de un acervo mundial. A cierta altura de este proceso  no de cúpulas, sino de pueblos que toman su destino en manos propias- puede comenzar a vislumbrarse un horizonte socialista.

Es más. Cuando comenzaron a elaborarse estas concepciones en América Latina, apenas derribado el muro de Berlín, un conjunto de partidos y movimientos de izquierda, progresistas, socialistas, comunistas, nacionalistas, antiimperialistas reunidos en la creación del Foro de Sâo Paulo en julio de 1990, proclamaron que los ideales del socialismo estaban vivos en América Latina y lo concebían como la más auténtica de las democracias, anudando estrechamente el significado de ambos conceptos. «La sociedad libre, soberana y justa a la que aspiramos y el socialismo  decían- no pueden significar otra cosa que la democracia más auténtica». Varios de los participantes en aquella instancia están hoy en los gobiernos.

Esto nos lleva a la segunda parte el hemistiquio. Sanguinetti anota una serie de causas circunstanciales (desgaste, corrupción, fatiga) que habrían alejado a determinados partidos de la esfera del gobierno. Pero el tema es más de fondo: asistimos a una crisis de los partidos tradicionales en América Latina. Los ejemplos sobran, y quizá Venezuela sea un o de los casos más paradigmáticos. Adecos y copeyanos, que se repartían hasta la última migaja del poder desde el Pacto de Punto Fijo de 1958, han quedado reducidos a su mínima expresión tras sucesivas elecciones y plebiscitos, sin representación en la Asamblea Legislativa y sin saber siquiera si presentarán candidatos a las presidenciales de diciembre. En una ocasión Rómulo Gallegos apostrofó a Jóvito Villalba (de la URD de entonces) con el remoquete de «cadáver insepulto», pero hoy el calificativo le cabe a la propia AD. En Bolivia el joven MAS (de paso sea dicho, Movimiento al Socialismo) le ganó a todas las viejas formaciones juntas. Ya hablamos del caso uruguayo. En Costa Rica el PUSC de los dos últimos presidentes desapareció, lo mismo que el partido del presidente Toledo en Perú. Han accedido al gobierno otros sectores sociales, otras clases, otros partidos.

Quiso la casualidad que el mismo ejemplar de El Observador que acoge la nota del Dr. Sanguinetti inserte un editorial de su director, Ricardo Peirano, que se sitúa en idéntica tesitura sobre el mismo tema. Y se da una segunda casualidad, o no tanta: tres días después, Sanguinetti participa en la presentación del libro del embajador Adolfo Castells Mendívil, «La gran ilusión», junto con el ex vicepresidente blanco Gonzalo Aguirre. Al acto fueron invitados exclusivamente blancos y colorados, que se dedicaron a una crítica de barrida contra el gobierno, a apenas un año de instalado. Esto se parece a una señal de empezar a juntar sus fuerzas en la oposición. Tanta vuelta para desembocar en esta táctica de corto vuelo.

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