Ecos de una interpelación frustrada

La interpelación impulsada por el diputado Daniel García Pintos, con el apoyo del Partido Colorado, terminó de tal modo que, desde el punto de vista de las expectativas del gobierno, supera lo esperado.

Terminada la ronda de preguntas y opiniones formuladas por el diputado interpelante, seguidas de respuestas de la ministra de Defensa Nacional, doctora Azucena Berruti, y de la exposición de otros puntos de vista, cuando llegó la hora de levantar las manos a favor o en contra del gobierno, la gran mayoría de los diputados, frenteamplistas, nacionalistas e independientes, se pronunció dando cuenta de su conformidad con lo actuado por el gobierno.

El movimiento del coloradismo, que buscaba colocar al gobierno en una situación de aislamiento, se volvió contra los promotores de la interpelación. Como resultado de la votación se pudo comprobar que 82 legisladores apoyaron a la ministra y sólo siete acompañaron la tesitura impulsada por el Partido Colorado.

Dado que la acción parlamentaria estuvo precedida de cierta agitación a través de los medios de comunicación y que además las «fuerzas vivas» del pensamiento militarista movilizaron a sus (más bien ralos) contingentes, el asunto demostró que para encontrar apoyos, en este caso de otros partidos de la oposición, son necesarios buenos argumentos.

Una argumentación adecuada sobre el tema en discusión. Tal desarrollo no estuvo presente. Y una consideración de los contextos políticos que también faltaron a la cita.

Desde el punto de vista técnico-jurídico, una intervención clara y neta del diputado Jorge Orrico permitió constatar el singular apoyo que la extradición de los tres militares uruguayos a Chile tuvo en el seno del poder del Estado encargado de decidir sobre el asunto.

Tal como explicó el legislador frenteamplista, si se considera el conjunto de magistrados que tuvo relación con la decisión, se llega al número de once que sucesivamente fueron sumando sus opiniones a favor de la extradición. No hubo en este caso vacilaciones ni votaciones divididas. Una firme unanimidad precedió a la decisión final adoptada por la Suprema Corte de Justicia, que también lo hizo por unanimidad, tal como había ocurrido en el Tribunal de Apelaciones al que se había recurrido con anterioridad.

Por lo demás, y tomando en cuenta los contextos políticos en que se desenvuelve el episodio, en su larga exposición el diputado Daniel García Pintos parece olvidar de qué partidos eran los inquilinos de la Casa de Gobierno en los años en que se desenvolvió este interminable caso.

El diputado interpelante no ingresa en las responsabilidades que pudieran caberle a gobernantes de su mismo Partido Colorado, en la sinuosa conducción o en las omisiones en que se habría incurrido por parte de las autoridades en el desarrollo de este expediente.

Si en definitiva el asunto se terminó resolviendo en el terreno específico del Poder Judicial, eso fue así a partir de una decisión adoptada por el anterior Presidente de la República, doctor Jorge Batlle.

Todo parece indicar que el Partido Colorado no ha rumbeado bien al encarar una más fecunda inserción en el terreno de la acción política democrática.

Alentar la idea de que es posible construir un partido moderno, capaz de conducir al país por senderos de progreso, libertad y bienestar con el siempre polémico respaldo de un puñado de militares nostálgicos de la dictadura, no parece ser un camino sensato.

La soledad en la que votó el coloradismo en la tarde de ayer debiera llamar a la reflexión a sus dirigentes menos exaltados. *

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