La impunidad, los derechos humanos y el genocidio armenio
Representante nacional. Alianza Progresista, FA
El 24 de abril de 1915, 650 intelectuales, religiosos, profesionales y dirigentes políticos armenios de Constantinopla y de las provincias de la Anatolia fueron arrestados, ejecutados y deportados por orden del gobierno turco.
El plan se estructuró en absoluto secreto por el gobierno de los jóvenes turcos y se lanzó en un instante preciso.
Luego un millón y medio de armenios fueron borrados del mapa del Estado Turco. Un cúmulo de documentos, informes y crónicas periodísticas además del testimonio de los sobrevivientes son prueba incontrovertible de los hechos aterradores
Se cumplía con la orden del ministro del Interior turco, Taleat Pasa, que quedará como uno de los documentos más sanguinarios de la historia de la humanidad.
Textualmente decía: «Ya se ha comunicado que el gobierno ha decidido exterminar totalmente a los armenios habitantes de Turquía. Los que se opongan a esta orden no podrán pertenecer ya a la administración.
Sin miramientos por las mujeres, niños y enfermos por trágicos que puedan ser los medios de exterminio, sin escuchar los sentimientos de la conciencia es necesario poner fin a sus vidas».
El saldo: millones de víctimas y una enorme pérdida del legado espiritual y material del pueblo armenio.
Como antecedente a la matanza, está agosto de 1914.
En la embajada alemana en Bucarest representantes turcos obtuvieron el compromiso de no interferir ni en la deportación ni en la matanza de los armenios de los 6 viyacetos y en Cilicia.
El dispositivo de la matanza entró en ejecución el 9 de marzo y el ministro del Interior ordenaba en un telegrama: «Todos los derechos de los armenios de vivir y trabajar en suelo turco han sido completamente cancelados» Estas medidas encontraron oposición de las víctimas, lo que fue calificado de alzamiento, en especial en el caso del sitio de Van que se inició el 7 de abril.
El Triunvirato que gobernaba el Imperio Otomano de la época aplicaba su política ultranacionalista con apetencias territoriales ya que, perdidas sus posiciones en Occidente, el Imperio Otomano pretendía restablecer su sueño pantucrático hacia Oriente.
Víctimas de esta política fueron además de los armenios, los griegos, árabes, kurdos, judíos y búlgaros.
La oportunidad se la daba la Primera Guerra Mundial para hacer desaparecer una nación que se había rebelado contra la barbarie turca y cuyas aspiraciones de Libertad podían ir contra sus intereses.
Apenas transcurrido un mes de la masacre, los gobiernos de Francia, Inglaterra y Rusia enviaron enérgicas notas de protesta al gobierno turco responsabilizándolo por la masacre.
También diversos ámbitos internacionales, como la Subcomisión de DDHH de la ONU, el Parlamento Europeo, el Tribunal de los Pueblos de París, 32 de los 50 estados de EEUU condenaron tamaño acto de barbarie.
El Uruguay ha sido pionero en el reconocimiento del Genocidio.
Lo ha hecho honrando sus mejores tradiciones políticas y culturales.
La iniciativa parlamentaria se presentó oficialmente el 29 de enero de 1965 y la redacción del texto estuvo a cargo del diputado Enrique Martínez Moreno.
La exposición de motivos decía: «Los legisladores que firman este proyecto han pensado que el Parlamento debe sancionar una ley por la que se declara el 24 de abril día de la recordación de la tragedia del pueblo armenio y como homenaje a sus mártires y a la vez como ratificación del repudio que nuestro país siente por toda forma posible de genocidio.»
Hubo luego, un homenaje de la colectividad a Artigas, en la Plaza Independencia y un multitudinario acto en el Teatro Solís donde hizo uso de la palabra Gregorio Pantazoglu, cónsul de Grecia y testigo presencial de la matanza.
Más tarde, en la década del 70, donde aparece el proceso de institucionalización de la memoria, que implica la institución de lugares destinados específicamente al recuerdo del genocidio.
Los armenios del Uruguay expresamos nuestro eterno agradecimiento a esta Patria que supo recibir a nuestros padres y abuelos, les brindó amparo y trabajo y la tranquilidad de un país generoso y democrático, pudiendo restañar heridas, rehacer sus vidas y educar a sus hijos en paz y libertad.
Por último, los miembros de la colectividad me han hecho ver la importancia que tiene para todos los armenios que una hija de esos inmigrantes que llegaron al Uruguay huyendo de la masacre turca sea hoy miembro del Parlamento Nacional.
Quisiera poder contribuir a que los armenios en el Uruguay todos y sin exclusiones, tuvieran una férrea unidad que nos daría más fuerza para la denuncia del genocidio impune. Impunidad contra la que he luchado en mi país, reclamando saber el destino de tantos amigos detenidos y desaparecidos por la dictadura.
Por eso digo que este recuerdo de la barbarie sucedida hace 91 años es una justa lucha, y el no reconocimiento de ello por parte de Turquía constituye una vergüenza para la humanidad.
Durante todo 2005, los armenios en el Uruguay realizamos una campaña de recolección de firmas para enviarlas a la Unión Europea, solicitándole a ésta exigir, como paso previo del ingreso de Turquía a dicho organismo, el reconocimiento del genocidio armenio Se entregaron en noviembre del año pasado más de 32.000 firmas, que constatan la impresionante respuesta del pueblo uruguayo.
A pesar de que, lamentablemente, el mundo nos sigue dando ejemplos de barbarie y atropello a pueblos inocentes, digo con todas mis fuerzas que llegó la hora de que el Estado Turco se haga cargo de la masacre de 1915.
Y con la misma fuerza digo: nunca más dictadura en mi país, al tiempo que me conmuevo en lo más hondo de mi ser y de mis sentimientos, con los hallazgos de los restos de nuestros compañeros que lucharon por una sociedad mejor, más justa, más fraterna, sin exclusiones o discriminaciones étnicas, políticas, sociales, sexuales o culturales.
Luchemos por la paz del mundo porque como dice una bella canción: «No es lo mismo que vivir, honrar la vida.
Honrar la vida es merecerla.
Y merecerla, no es callar ni consentir tantas injusticias repetidas.
Merecer la vida es erguirse vertical, más allá del mal de las caídas.
Es igual que darle a la verdad y a nuestra propia identidad la bienvenida.»
Los descendientes de armenios en el Uruguay sólo honraremos la vida si recordamos y seguimos denunciando, hasta hacer carne en la conciencia colectiva de la sociedad, el crimen de lesa humanidad, el despropósito ético y la monstruosidad de una de las masacres más atroces que la humanidad presenció. *
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