La lección de Funsa

El pasado jueves 20 se concretó oficialmente el nacimiento de una nueva era de una fábrica emblemática.

La Fábrica Uruguaya de Neumáticos S.A. –la vieja Funsa– renace como el Ave Fénix. Víctima de una política económica que pretendió hacer del país una plaza financiera, que causó la destrucción del aparato productivo y la consiguiente crisis social de desempleo y caída del salario, la empresa fue deteriorándose poco a poco, disminuyendo su producción y su plantilla de trabajadores. La asociación con la firma estadounidense Titan no fue sino una aventura que precipitó el descalabro: los dueños abandonaron la planta y la fábrica cerró sus puertas quedando las instalaciones y la maquinaria como mudos testigos de un pasado de intensa actividad industrial y sindical.

Porque Funsa no fue sólo un gran emprendimiento fabril que abastecía al ciento por ciento del mercado interno, exportaba los excedentes y cotizaba en la Bolsa. El nombre de Funsa está, también, íntimamente ligado a la historia del movimiento popular uruguayo y al proceso de unificación que desembocó en la creación de la Convención Nacional de Trabajadores.

Su poderoso sindicato estuvo presente en todas las instancias de lucha en defensa de los derechos de los asalariados, en solidaridad con otros gremios en conflicto, en los enfrentamientos con las fuerzas represivas al servicio de la oligarquía. Fue un referente de la resistencia a la escalada autoritaria y liberticida del pachecato, así como un bastión en la huelga general que enfrentó al golpe de Estado de junio de 1973. Hablar de Funsa implica, necesariamente, recordar a dirigentes ejemplares como León Duarte, Washington «Perro» Pérez, Gromaz, Romero y otros que pueden considerarse paradigmas del luchador social.

Este pasado de lucha es un valioso antecedente que explica, en parte, la postura decidida y audaz de los trabajadores, dispuestos a todo para recuperar la fábrica. Trabajadores que no se resignaron ante la adversidad, que no bajaron los brazos, la pelearon y apostaron a algo que parecía una quimera: recuperar maquinaria e instalaciones y hacer que la vieja fábrica volviera a producir.

Bajo un régimen de cooperativa formada por los trabajadores, las chimeneas volvieron a echar humo. Y después de cumplir trámites e instancias judiciales, finalmente se formalizó la nueva empresa conformada por la cooperativa y capitales privados.

Es de destacar el apoyo recibido por parte del gobierno uruguayo, la ayuda del gobierno venezolano –que prestó una suma a reembolsar con neumáticos–, y la solidaridad generalizada de la sociedad, que ve con simpatía el nuevo emprendimiento. Ya está vigente un contrato con la transportista Cutcsa, que volverá a proveerse de neumáticos uruguayos, al tiempo que se ultiman detalles para otros convenios similares, sin contar las expectativas reales de exportación a mercados diversos.

Las perspectivas son auspiciosas. La nueva era de Funsa comienza oportunamente en momentos en que desde el gobierno se impulsa con entusiasmo el país productivo. *

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