Crisis de valores

El diario LA REPUBLICA sólo pudo entregar un premio Republicano este año 2006. No ha encontrado más personas con coraje cívico evidente o con demostrada solidaridad social. LA REPUBLICA busca personas comunes, con esos dos valores admirables. Las personas así, se esconden. Se esconden incluso de quienes pueden comentarlo a un diario.

Quien practica esos valores, los oculta por miedo al escarnio de la chusma, por miedo al ridículo de que se sepa que es bueno o solidario.

Sin embargo hay otra condición aun más difícil de encontrar: los cumplidores.

Personas cumplidoras de normas. Las personas que son cumplidoras de normas tienen el más alto espíritu republicano, el mayor coraje cívico y la más profunda solidaridad social porque acatando normas cumplen la voluntad de las mayorías convertida en ley por los legisladores, representantes de esas voluntades.

Ellos, los legisladores, nuestro alter ego social, deberían concentrarse obsesivamente en el contralor de las casi 20 mil leyes existentes, y aprobar solo las imprescindibles. Hace 10 años había 110 delitos penales; hoy hay 470.

No cambiaron, los legisladores los complejizaron. Una figura penal que tiene 14 variantes.

Peor aun, se inventó el descuento judicial. En derecho civil quien debe 100 y paga 100. En el derecho penal de hoy, a quien debe 100 le descuentan 50, le reperfilan los otros 50 y le dan cuotas sin recargo por el resto. A veces lisa y llanamente le perdonan el delito; de cada 100 uno no paga, como en los supermercados.

Le dan la libertad por gracia. Por gracia de cinco personas integrantes de la Suprema Corte de Justicia. Como si los casi 20 mil dólares de promedio que cuesta un proceso penal -de principio a fin dura promedio 18 meses, interviniendo no menos de 20 personas con sueldos públicos-, pudieran tirarse por la borda. Sin mencionar el agravio para quienes impartieron justicia en ese caso.

Para empezar exijamos que cada integrante del Estado cumpla y haga cumplir, en ese orden, las normas. Uruguay está quedándose pobre del espíritu de la legalidad.

Se prefiere ser jodedor rico y no honrado aunque pobre. La mitad de los uruguayos es pobre de dinero, la otra mitad de valores. No nos enorgullece ser cumplidores de la ley, de la palabra o de la deuda.

Hay personas que rompen las normas solo para que la vean. Ser libre es no cumplir con ninguna norma, ni las que benefician a todos. Las de tránsito, las del debido respeto, la de la sana crítica, la de la humildad. Lo hacen, no porque necesiten hacerlo. Lo hacen sin un propósito. Es para que se note que lo hace y no le pasa nada.

Esa actitud puede ser al principio emocionante, luego pasa a ser un hábito y finalmente un comportamiento crónico. La adopta la familia, el barrio, la sociedad.

El gobierno es forzado entonces a cambiar o derogar normas. Son demasiadas las personas que no las cumplen. Pasa a justificar lo injustificable. Vamos mal.

Una personalidad política colorada dijo: «el derecho es el escudo de los débiles»; otro, del Partido Nacional, tenía la consigna en el cintillo de su sombrero: «Defensores de las Leyes». Hoy se les reirían en la cara.

La suma de las leyes uruguayas se acerca ya a las 20 mil. Las cumplidas voluntariamente y sin necesidad de coerción no llegan a las dos mil.

El bárbaro de hoy, no es el analfabeto sino el violador de normas. El antisocial.

Desde las de tránsito hasta las del saludo.

La mano armada de la ley, la Policía, encargada de exigir su cumplimiento o sancionar al transgresor está destrozada. Pésimo entrenamiento, nula motivación, mala paga, escarnio social, carencia de liderazgo y mal relacionamiento con la Justicia, a la que debe servir. Peor aun: se la denigra poniéndola a vigilar a los fumadores.

Cuando la Policía intenta hacer cumplir cualquier norma es aturdida por el coro de los derechos humanos pisoteados o de la represión torturadora. Imaginemos qué pasaría si a las manos de nuestro cuerpo les impedimos levantarse para protegernos de algo que se nos viene encima… Nos lastimaría hasta una hoja que cae, porque puede caernos en los ojos.

No es posible combatir el delito poniendo a la Policía a enseñar a la personas cómo protegerse, en una escuela de seguridad ciudadana. Allí el que puede ir, está un par de horas; en las cárceles los delincuentes se entrenan las 24 horas.

Si además de ganarse el pan, la persona tiene que aprender a defenderse sola, pronto las personas creerán que también pueden impartir justicia solas. De ahí no hay retorno. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje