Aniversario de una gesta heroica
Creo que el Desembarco de los 33 Orientales es un hecho histórico emblemático que merece una celebración oficial acorde con su trascendencia, y me llama la atención el ninguneo gubernamental al aniversario celebrado ayer.
Rechazo los estereotipos y el patrioterismo ramplón, rechazo la historia almibarada que presenta los hechos con un maniqueísmo pueril. Y por lo mismo, entiendo que es menester abordar el estudio del pasado con una óptica diferente.
Soy partidario de rescatar y valorar circunstancias, acontecimientos y protagonistas de nuestra historia que deben servir como ejemplo de altos valores morales para inculcar a los jóvenes. Pero creo que, al mismo tiempo, es preciso no tergiversar la realidad y presentar la historia y sus actores con sus luces y sombras, con sus virtudes y defectos, con sus yerros y sus aciertos. Desmitificar al héroe, humanizarlo, tiene no sólo la ventaja de permitirnos una aproximación a la verdad histórica; implica –y esto es lo importante– una valorización mucho mayor de su peripecia; los gestos heroicos, las grandes acciones, los esfuerzos supremos, adquieren una dimensión mucho mayor cuando comprendemos –y así lo hacemos comprender a los jóvenes– que fueron realizados por seres humanos de carne y hueso y no por superhombres.
En su edición de ayer, 19 de abril, el matutino El País publica un suelto editorial con motivo del aniversario de la Cruzada Libertadora. Dicho artículo es un paradigma del homenaje rutinario y acartonado; un cúmulo de afirmaciones que apelan a los clisés más recurrentes, todo en un lenguaje sobrecargado de lugares comunes. Y como allí se repiten las frases hechas características de la historia oficial, vuelven a aparecer las falsedades históricas.
Veamos. Sostiene el editorialista: «Si en el Exodo del Pueblo Oriental tras la enorme figura de José Artigas, el Fundador, nació la orientalidad, con la Cruzada Libertadora de aquel 19 de Abril de 1825, encabezada por Lavalleja y Oribe, asomaron la independencia y la República». Y termina destacando «el valor personal, el valor cívico y el valor militar de aquellos que con Lavalleja y Oribe, más tarde acompañados por Rivera, luego de batallar en la Florida declararon la Independencia en leyes votadas por la Honorable Sala de Representantes».
Habría que empezar por recordar que la expresión «Exodo del Pueblo Oriental» fue acuñada muchos años después para referirse a un acontecimiento que en su momento fue conocido como la «redota» que no es sino una deformación campesina de «derrota». Del mismo modo, la afirmación de que Rivera «acompañó» a Lavalleja disfraza la verdad del «abrazo del Monzón» y hace aparecer a don Frutos como un héroe impoluto.
Pero lo que interesa destacar es cómo se reitera la idea falsa de que los caudillos que emprendieron aquella gesta heroica estaban animados de espíritu independentista. Lavalleja, Oribe y el resto de los patriotas que cruzaron el río lo hicieron para iniciar la sublevación contra la ocupación brasileña, pero no para hacer de la Provincia Oriental –entonces Cisplatina– un estado independiente.
La prueba está en que aquellas famosas leyes de la Florida de agosto de 1825 declararon la independencia «del rey de Portugal, del emperador del Brasil y de cualquiera otro del universo». Pero a renglón seguido, la misma Sala de Representantes de la Provincia Oriental, en virtud de la soberanía reasumida, votó «la unidad con las demás Provincias Argentinas a que siempre perteneció por los vínculos más sagrados que el mundo conoce».
Estoy de acuerdo en homenajear a aquellos 33 audaces cuya gesta es un ejemplo de audacia, coraje y patriotismo. Pero no los hagamos responsables de lo que no son. *
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