La Iglesia y sus Pascuas
Hay hechos que objetivamente llaman la atención por su pertinaz repetición e insistencia por los enemigos de la Iglesia. No hay ninguna fe o religión, alguna vez lo hemos dicho, que soporte tanta crítica por absurda o disparatada que sea, que la católica. El celibato de los sacerdotes o el claustro de las monjas ferozmente criticados, no obstante tener unas reglas internas que en nada gravitan o pueden interesar a los ajenos de la fe. Se insiste contra principios sagrados y bases fundamentales de la religión como es la defensa a la vida misma reprobando un crimen alevoso como es el aborto contra seres humanos. Como lo es también luchar por la integridad del instituto del matrimonio, sacramento fundamental como simiente y basamento de cualquier sociedad sana y con permanencia. La única religión a la que se le marcan sacerdotes pedófilos entre miles de religiosos de cientos de creencias que en el mundo existen, es la católica. Como si este pecado alevoso fuese monopolio exclusivo del cristianismo, y las demás religiones desde el Tibet hasta la Tierra de Fuego estuviesen exentas de estas prácticas. Lo mismo respecto a la sodomía y su condena, por la moral cristiana desde las épocas bíblicas (destrucción de Sodoma y Gomorra). Cuando hay algún «matrimonio» de religiosos en otras religiones, que los ha habido, casos en Holanda e Inglaterra, los más notorias y no hace mucho tiempo, apenas en la prensa sale como «curiosidad» una pequeña «viñetita». Pero si se constata en un cura católico particularmente y hasta diría que casi exclusivamente en los EEUU, se convierte en un escándalo de proporciones, repetido con euforia. Recientemente, a un escriba mediocre y sin ningún fundamento histórico ni teológico, se le ocurrió hacerse fama publicando un libelo repugnante y calumnioso aseverando que María Magdalena fue amante de Jesús y hasta hijos dejaron por el mundo. El Código da Vinci, que obviamente ya «pasó de moda» por lo irrelevante e increíble del invento. Hoy descubren en el preámbulo de las Pascuas Sagradas para el cristianismo, un nuevo evangelio nada menos que de Judas Iscariote. Mayor originalidad disparatada y calumniosa difícil de elegir. El que vendió a Jesús por treinta monedas a sus más feroces enemigos, según parece el mismo Cristo le habría pedido un «favor» de gestionar con los romanos sobre su inmolación. Y esta gestión a tan «inocente» alma como la del traidor Judas Iscariote, le despertó el remordimiento como para ahorcarse de la rama de un árbol por culpa obviamente de Cristo. O sea, toda una maraña tratando de negar la calidad de Hijo de Dios y de Mesías que redime al mundo de sus pecados por la Salvación eterna, en la Crucifixión. Este tipo de documentación como la «reivindicación» de Judas, a quien se le señala como el Apóstol preferido de Jesús, antes que Pedro, Pablo, Juan, Lucas o Mateo entre los once restantes, son productos de libros gnósticos declarados heréticos por la propia Iglesia en los primeros siglos II y III, y alguno posterior. Pero todos reprobados y terminados desde aquellos lejanos tiempos. El interés oculto y para muchos satánico en la remoción de estas documentaciones heréticas no tiene otra finalidad que la de negarle la divinidad a Jesús como Hijo de Dios y representación del bien, el perdón, la misericordia y el amor por la humanidad.
En estas Pascuas vuelve a removerse la piedra del Santo Sepulcro y resucita una vez más el Hijo de Dios, el Mesías, para la salvación de todos los seres humanos. No importan las herejías, inventos o calumnias, la Iglesia responde con el silencio y sólo le basta con la magnificencia y amor del sacrificio divino en el madero. El mandato por designio de Jesús, el Mesías, a todo cristiano perseguido, agraviado, amenazado incluso en sus órbitas laborales, sociales o políticas por influencias orales o escritas concretas, es poner siempre la otra mejilla, y seguir adelante. ¡Zorionak! ¡Felices Pascuas a todos! *
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