"La orquesta principal de la Legión Extranjera"

Víctor Brindisi

Tuve la oportunidad de encontrarme el pasado 14 de julio en París. Participé, junto a otros educadores uruguayos, en la Conferencia Mundial de Educación para la Paz que se realizó entre el 8 y 13 de ese mes en la capital francesa.

Sin desearlo fui casual espectador de parte del desfile militar, ostentoso, con tanques y aviones de todos los tamaños, y esperando poder cruzar la calle, pegada al Sena, por donde se desfilaba me encontré con dos ómnibus que llevaban a la «orquesta principal de la Legión Extranjera».

Se me vinieron a la mente los recuerdos de cuando era chico, y veíamos con otros, a los valerosos legionarios matando cuanto hombre de otra raza se pusiera delante. Como lo señala la información, todavía es un cuerpo de élite, destinado a misiones en el extranjero, y pensé si hay una orquesta principal debe de haber otras no tan importantes, y si hay orquestas es por que hay muchos legionarios para alentar. ¿Para qué?

No se puede comprender el entusiasmo de la gente por verlos, salvo que en esos países se pueda seguir pensando en el buen negocio de la guerra. Francia, la noble y culta Francia, es también Francia la guerrera.

No tenemos dudas de que a pesar de todas las virtudes –que deben ser muchas– del sistema educativo de los países más adelantados, algo no debe andar bien. No hace mucho tiempo, Francia asombró al mundo por su actitud de realizar ensayos atómicos en contra de toda la opinión mundial. Si estos días repasamos las conmemoraciones, veremos que entre el 6 y el 9 de agosto de 1945, hace 55 años, se estampó el sello de muerte más brutal en Japón, en Hiroshima y Nagasaki.

¿Puede –debe– tolerarse una justificación que atenúe las connotaciones inmorales de estos juegos de guerra, que son crímenes aberrantes, en razón de intereses económicos? El hecho de que algunos países, entre ellos los más ricos del planeta, ganen dinero fabricando y vendiendo armas no puede merecer otra cosa que el juicio más duro y tajante. Los gobiernos, los grandes complejos comerciales, son responsables. Luego someten a los países más pobres a la necesidad de armarse y hacer la guerra contra otros países pobres, como en Africa o Asia, en los últimos tiempos.

Terminan de procesar a dos ministros del gobierno de Menem por la inmoral venta de armas, vía indirecta a Ecuador, cuando se encontraba en estado de guerra con Perú. Argentina era, ni más ni menos uno de los países garantes de la solución pacífica del conflicto.

Estamos convencidos de que, lamentablemente, ha perdido tono la militancia contra la carrera armamentista de manera especial en los países desarrollados. Los educadores, la clase trabajadora, la sociedad civil debe estar claramente en contra de ella. No sólo porque las armas matan, sino también porque son un gasto tremendo que pesa en las economías de todos los países, quitando recursos que tendrían que destinarse a la salud y la educación.

Con la vigésima parte de los casi 800.000 millones de dólares que se gastan anualmente en armamentos, de acuerdo a las estimaciones de organismos internacionales, se podrían resolver los problemas de la salud, educación y vivienda de los más de mil millones de hombres que viven marginados de esos derechos fundamentales.

Con un poco de sensatez, y mucho de dignidad, quienes gobiernan los grandes países y las multinacionales podrían, sin perder los privilegios que defienden y usufructúan, comenzar un siglo, un milenio, apostando a cambiar la vida de esos niños, mujeres y hombres, humanos, con los mismos derechos de todos.

* Maestro

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