Lo difícil en medio de la crisis es ser un pacificador

Se hicieron públicas por estas horas declaraciones agraviantes del Ministro del Interior de la Argentina, contra el Presidente de Uruguay, sin que la Presidencia de la Argentina lo rectificara en sus dichos. Esta información se suma a la difusión de la noticia sobre la declaración del Ministerio de Medio Ambiente uruguayo sobre la construcción de una tercera papelera a construir en Uruguay.

Sinceramente nos parece que todo esto es de una torpeza inadmisible. Se comienza a entrar en un espiral de complejidad difícilmente administrable. Es un gravísimo e inexcusable error entrar en esta escalada de provocaciones. Las naciones requieren de estrategias de comunicación pública que en medio de un conflicto deben ser toda inteligencia y capacidad. Lo último que necesitamos los uruguayos y los argentinos, es un concurso de prepotencia, provocación o agravios, y mucho menos todo junto.

¿Adónde se piensa llegar por este camino? Luego, ¿qué vendrá? El retiro de embajadores, ejercicios tácticos en las fronteras, atentados contra intereses de un país en el otro, o el ridículo de la profundización de la presión indebida y del insulto. Parece que por estos lados del sur del sur, no nos damos cuenta del papelón ante el mundo de lo que se está haciendo. De la incapacidad manifiesta y evidente en la forma de actuar y de expresarse por algunos operadores de máxima visibilidad. Gente que ha dejado traslucir en su rostro público, el enojo, la desazón y la impotencia, no dejando margen alguno para la esperanza de la gente y la confianza en sus conductores para la construcción de una salida inteligente y justa, que son las únicas duraderas.

Falta el sacrificado ejercicio de la negociación profunda, de la negociación inteligente y superior, realizada desde las reglas de la discreción y la generación de confianza. Es fácil ser un agitador, lo difícil es ser un pacificador protegiendo al mismo tiempo la soberanía, la dignidad y el prestigio de cada nación, que es mucho, muchísimo más que estar de pasada ejerciendo un cargo en el gobierno de turno.

Estas acciones absurdas y destempladas dejan huellas, arrugas y cicatrices en el alma de nuestros pueblos, y por eso requieren ser evitadas manejándose con el cuidado y la consideración que la situación merece.

China Zorrilla, una vez más llenó de calidez nuestras vidas. Dijo en la Argentina que se venía a Uruguay, que no sabía quién tiene la razón, pero que aquí los uruguayos la necesitábamos. ¡Qué mensaje, qué advertencia directa al corazón de quien quiera escuchar! ¡Qué incalificable incomprensión de quienes no lean entre líneas la dramaticidad de estos dichos desde la inteligencia y la sensibilidad de una de las mujeres más importantes del Río de la Plata!

Pongamos las cosas en orden, operemos desde la razón. Los créditos del enojo que hoy se creen cosechar, son la semilla del fracaso y el repudio a sus promotores mañana. No precisamos Consejos de Ministros en la proximidad de los puentes. No precisamos declaraciones sobre más plantas, hasta que se concreten, y en todo caso aclarando con precisión que estarán instaladas fuera de la zona de conflicto. No precisamos de los insultos y los agravios del funcionario que se cree el grandulón del barrio y que luego quizás sea manso cuando debe enfrentar a los verdaderamente poderosos del mundo. No precisamos en este estado de situación, una reunión del Mercosur llena de cámaras. Como se dice en lenguaje internacional diplomático: «podemos vivir sin eso».

Somos nosotros, señor ministro de la Argentina, los uruguayos de siempre, y ustedes son los argentinos de siempre. Somos un solo modo de vivir en dos naciones soberanas, dos pueblos entreverados en sus gustos, sus amores, sus ropajes, sus melodías, sus ritmos y sus comidas. No estamos discutiendo la paternidad del dulce de leche. Con este modo de actuar se está provocando el tránsito a un camino al que se ingresa fácil pero del que se sale con el alma hecha jirones. Esta violencia entre nosotros es un caso transfronterizo de la siempre repudiable violencia doméstica.

No hay derecho de actuar de este modo, no se les puede permitir. Aún no es tarde. Usemos esa misma energía en construir puntos de encuentro. En realidad nunca es demasiado tarde. La razón debe primar. La pasión debe ceder espacio a la patriótica inteligencia de la acción, es tiempo de pensar en la manida inteligencia emocional.

Procuremos darle tranquilidad a quienes temen una eventual contaminación que afecte sus vidas. Procuremos darles tranquilidad a quienes ven en la celulosa una salida magnífica hacia el desarrollo para toda la región y la superación de la precariedad económica. Busquemos garantías. Negociemos con capacidad, paciencia y grandeza de espíritu, en esto insistiremos hasta el cansancio, hasta que alguien nos escuche. Vayamos los dos países a la Organización de Estados Americanos, a pedir la elaboración de un Reglamento Modelo para aplicar en todas las Américas, elaborado entre todos los países de la OEA, que fije los estándares sobre Industrialización de la Celulosa. Vayamos juntos y ya los dos países a la Corte de Naciones Unidas en la Haya, para pedir que en caso de que no encontremos la salida por nosotros mismos, fallen por equidad, como supremo tribunal internacional del mundo que son.

Sin grandilocuencias vacuas, porque también para este grave asunto los guapos del novecientos ya no están en las esquinas bajo el farol. Nuestros pueblos precisan de inteligente ponderación, buena

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje